domingo, 31 de octubre de 2021

Parasha 06 Toldot 5775 / ¿Como criar hijos, como formar generaciones?



COMENTARIO DE LA PARASHA SEMANAL DE LA TORA
Parashá 06 Toldot - 5775
Génesis 25:19 – 28:9

Esta semana estudiamos la parasha “Toldot” plural de “Tolda”, que quiere decir; “generación”, “descendiente”, “historia”, “memoria”, “crónica”. Se nos relata acerca de los descendientes de Itzjak, es decir; “Yaacov y Esav”, quien completaron “Su familia”. Los cuales nacerían del pacto matrimonial entre él y Rivka, como habíamos visto en la parasha anterior, que Itzjak se unió a ella en matrimonio, ella se sujeto a él siendo su esposa, y él la amo. Por lo cual vemos que el fruto de dicho amor fueron los descendientes de Itzjak, como lo dice la Torá:

“Estos son los descendientes (Toldot) de Itzjak” (Bereshit – Génesis 25:19) 

Una unión matrimonial tiene como fin principal, tener hijos y criarlos en pos del servicio de Hashem. Si alguien piensa que criar a los hijos tiene como fin, hacer q ue estos sean exitosos profesionales, está equivocado. Ante todo, tanto el Padre como la Madre tienen la misión de sustentarlos  en  la  enseñanza  del  temor  a  Hashem.  Papa  y  Mama,  se  preparan  con  gran devoción al Eterno con ese fin, ellos aprender para enseñar, ellos sirven a Hashem para antes de cualquier cosa, los hijos también sean servidores de Hashem. Los Padres que piensan en sí mismos, no cuidan de servir al Eterno, porque solo se preocupan de intereses superfluos. Los Padres que aman a sus hijos verdaderamente sirven a Hashem. Ellos no pretenden solo que sus hijos se sepan valer por si solos, siendo exitosos trabajadores o que aprendan de un oficio, (eso es solo una parte de formar a los hijos). En la vida real, que es muchas veces cruda y difícil, los  hijos  se deben  entrenar para ser hijos de Eterno. Los  Padres,  que  son  buenos instructores de sus hijos, a pesar de las decisiones que ellos tomen  cuando sean adultos, estarán cumpliendo con la voluntad del Eterno y cambiando el mundo de sus hijos, que jamás olvidaran la enseñanza que recibieron, y les brindaran herramientas eternas, que ellos podrán utilizar ante cualquier amenaza o dificultad.

Nuestro padre Itzjak sabía que la familia estaba incompleta sin hijos., por eso le rogo al Eterno por hijos. De hecho, en la cultura hebrea bíblica es una bendición tener hijos y una maldición no tenerlos. Se nos dice en el Talmud, que Hashem tiene “llaves” que los hombres no pueden tener. Una de esas llaves, es la matriz de una mujer. Solo el Eterno puede abrir “con su llave” la matriz de una mujer para que esta conciba un hijo, el milagro de la vida es concebido en el cielo, y desde allá, se dictamina quienes serán los benditos de tener el privilegio de ser Padres.

La matriarca Rivka, era estéril cuando se caso con Itzjak a la edad de 40 años. Nos dice la Torá que: “Itzjak suplico a Hashem, frente a su esposa, porque era estéril” Es decir; ambos elevaron suplicas, cada uno frente del otro, y Hashem oyó a Itzjak, junto a la oración de su mujer. Esto nos muestra, que la oración matrimonial, puede mucho, tanto, que es capaz provocar milagros como el mover la voluntad de Hashem, para que él pueda abrir la matriz de una mujer estéril.

Itzjak y Rivká tuvieron que esperar 20 años antes de tener hijos, Rajel la esposa de Yaacov, tenía que esperar 14 años antes de tener hijos y Janá fue estéril durante 19 años, según el Midrash. En el versículo 26 de esta porción, está escrito que Itzjak tenía 60 años cuando su esposa dio a luz a Esav y a Yaakov. Esto significa que Itzjak tenía que orar durante 20 largos años. Nada es sencillo, nada es tan fácil, sobre todo cuando de grandes hombre de Hashem se trata. Y de esto estamos hablando, en este comentario; Dios como Padre, siempre estará atrás de cada suceso de la vida de un hijo suyo, tratando de formarnos y educarnos, como él espera que también eduquemos a nuestros hijos.

Tener hijos es importantísimo, tanto, que la Torá nos deja ver claramente que uno debe orar a Hashem para tener hijos. La sociedad secular de hoy, sin embargo, nos di ce que mientras menos hijos tengamos, mejor. Se nos dice, que si una pareja posterga la llegada de los hijos, podrá “disfrutar más”, pues tener hijos es sinónimo de “no disfrutar”.   ¡No saben lo que se pierden! que alejada esta nuestra sociedad de los principios morales de la Torá. Quizás esto también   nos   haga   meditar   en   los   métodos   anticonceptivos   que   usamos   en   nuestro matrimonio, tema que en el Judaísmo se trata a fondo. Cuanto más claro tenemos entonces el panorama, en cuanto a los temas contingentes de hoy en nuestra sociedad, como el del aborto, sin  duda  que  Hashem  no  aprueba  el  crimen  del  aborto.  También  las  mujeres  debiesen analizar, cuando deciden operarse para no tener más hijos. Tengamos cuidado, porque la Torá promueve el nacimiento de hijos, la vida y no la muerte.

¿Por qué es tan importante criar y formar a los hijos? Cuando nacieron los hijos de Itzjak “sus generaciones”, él no sabría qué problemas tendría con ellos en el futuro. Cuando nosotros como Padres tenemos hijos, al igual que Itzjak, estamos comenzando “nuestras (toldot) generaciones”, y recae sobre nosotros la misión criar y formar a esas generaciones, pues no sabremos qué problemas nos traerán sus vidas cuando sean adultos.

Está escrito en las sagradas escrituras:
 “Los hijos son la provisión de YHVH; el fruto del vientre, Su recompensa” (Tehilim-Salmos 127:3)
Las provisiones, o “herencias” como dice otra versión, no se deben mal utilizar, se deben cuidar y proteger, para que a la larga nos den sustento, cuidado, y se transformen en las honras que el cielo dará a nosotros, como recompensa de lo bien que hicimos cuidando dichas herencias. Así son los hijos, como una herencia, como provisiones del cielo; un capital que debemos cuidar, ¿Cómo? invirtiendo en ellos tiempo, dedicación, dándoles formación, estudio, suplicas, oraciones, ayunos, desvelos, trabajo arduo, y mucho más. Todo esto, para que en un futuro nos traigan del cielo, todas esas inmensas alegrías reservadas para los que les impartieron Torá a sus hijos, como la Honra que le dio Itzjak a su Padre Abraham.

¡No hay bendición más grande que la de tener un hijo!

La Bendita Tora nos dice: “Abraham era anciano entrado en años y El Eterno había bendecido a Abraham en todo (Bakol)” (Bereshit  – Génesis 24:1) Este relato comienza justo cuando Abraham ordena a su siervo que le jure que NO ha de tomar mujer cananea, para su Hijo Isaac”. ¡Solo cuando Abraham había sido Padre, la Torá pudo declarar de él que había sido bendecido EN TODO! Y no antes, pues la misma Tora nos dice en Bereshit – Génesis 15:1-7, que a pesar de la gran  bendición que Hashem le  estaba impartiendo a A bram, él aun  se quejaba que no tenía hijos que lo heredasen.

Solo después que Isaac nace, la Torá dice que Hashem había bendecido a Abraham en Todo, ahora todas las promesas que Hashem le había dado serian traspasadas a su hijo, y asi a sus descendientes. Con los hijos, llegan las bendiciones concretas del Eterno, por eso está escrito que: “Herencia de Hashem, son los hijos”… ¿Y cómo afirmamos esto? Cada letra hebrea tiene un valor numérico, y a través del estudio de la Torá podemos concluir hermosas enseñ anzas a través de este sistema, llamado Guematria.

Las palabras "en Todo" en hebreo suena así: “Bakol”y contiene las siguientes letras hebreas, con sus respectivos valores numéricos. Veamos qué resultado obtenemos de la suma de cada valor:

ב = 2
כ = 20
ל = 30

  
= 52.

Veamos ahora el valor numérico de la palabra “Hijo”, que en el hebreo se expresa mediante la locución “ben”.

ב = 2
ן  = 50

  
= 52
  
La igualdad numérica existente entre ambas locuciones “Bakol” y “Ben” (En todo e Hijo) revela
que El Eterno bendice a un hombre EN TODO, cuando este es Padre de un Hijo. Por esta misma razón está escrito:
 “Entrena a un muchacho en el camino que debe seguir; y no se apartará del él ni en la edad avanzada” (Proverbios 22:6)
¿Cuánto estamos haciendo por educar a nuestros Hijos? Dejamos a nuestros hijos en manos de profesores seculares, que creen en la evolución, que promueven el homosexualismo, el humanismo, y nos escondemos en nuestro estrés diario, para no dedicar tiempo a nuestros hijos. Te hago algunas preguntas: ¿Tu hijo ya sabe decir la Shema? ¿Tu hijo sabe que el Dios de Israel, es el Único Dios? ¿Le enseñas cada noche en su habitación las historias de las sagradas escrituras? El televisor, los deportes, el trabajo, nuestros propios intereses, las escusas, nos están sacando de las manos el cuidado de nuestros niños. Está escrito en los profetas, “este pueblo perece por falta de conocimiento”, lo mismo es aplicable para nuestros hijos, si ellos no adquieren conocimiento de nuestro Dios, perecerán en su ignorancia, y nosotros seremos los responsables de ello.

Encarecidamente nos encarga la Torá:

“Incúlcaselas a tus hijos. Recítalas cuando estés en tu casa y cuando estés de viaje, cuando te acuestes y cuando te levantes” (Devarim – Deuteronomio 6:7)
Nos dice la Torá en el verso 22 de esta porción, en el capítulo 25, que estamos estudiando, que cuando Rivká quedo embarazada: “Los hijos pugnaban dentro de ella”. Nos cuenta un midrash que Rivká estando embarazada pasaba fuera de un  centro idolátrico  y “Esav” se movía fuertemente, y que cuando pasaba por fuera de una casa de estudio de Torá (Yeshiva) “Yaacov”,  se  movía  fuertemente,  así  peleaban  dentro  del  vientre  de  Rivká.  Esto,  con  el propósito de mostrarnos cuan distintos seria en el futuro, estas generaciones que se formaban en el vientre de Rivka: Esav representando al mal que no valora las bendiciones espirituales, pues las cambia por un plato de lentejas, y Yacoov, que a pesar de sus luchas internas, está representando al Israel, que vence el mal, para ser el elegido de Dios.

¿Qué pasaba por dentro de la cabeza de Itzjak, antes de que sus hijos crecieran? Yo creo que Itzjak quería ser tan buen Padre como lo fue Abraham con él, y quería que sus hijos fueran tan buenos hijos como lo había sido él con Abraham.

Leemos en la segunda parte del versículo 19, cap.25:

“Hijo de Abraham; Abraham fue el Padre de Itzjak” (Bereshit – Génesis 25:19)
¿Qué necesidad había de mencionar dos veces a Itzjak como hijo de Abraham? Explica un Midrash, que Itzjak era el orgullo de Abraham, y que Abraham era el orgullo de Itzjak”. Es decir, ambos se honraron mutuamente: Abraham le dio toda su enseñanza de Torá a Itzjak, tanto, así, que hay quienes interpretan este versículo que acabamos de leer, que en apariencia física, Itzjak era idéntico a su Padre Abraham, para que no hubieran dudas de que Abraham era su padre y él su hijo. Y por otra parte, Itzjak honro a su Padre, con el amor tan grande que tuvo hacia Hashem, cuando no se opuso frente a la orden del cielo, obedeció para subir junto a Abraham, a la cumbre del monte Moria, entregando su vida como ofrenda, la cual Hashem recompenso, dando grandes honores al Padre y al Hijo.

¿Qué bonita, la relación que hay entre un Padre y un Hijo cuando ambos temen y sirven a Hashem? Esto, es lo que se consigue cuando el Padre cumple y enseña a los hijos en el temor y en el servicio a Hashem, y cuando los hijos cumplen y obedecen a sus Padres.

Como está escrito por el sabio Shlomo:

“Un hijo sabio hace feliz a su padre; un necio humilla a su madre” (Proverbios 15:20)
Los Padres tienen la misión de ser enseñadores, pero todo enseñador debe tener alguien de quien  un día  aprendió,  la  regla  es  fácil,  y  nos  la  enseño  nuestro  amado  Mesías  Yeshua:

“El siervo no es mayor que su Señor, ni el alumno mayor que su Maestro”

Por lo cual, la transmisión de las enseñanzas, forman parte de un ciclo interminable y Eterno, todo salió del gran Maestro de maestros, Hashem bendito sea, y todo vuelve a él. ¿Es decir: él enseño, y aun enseña, nosotros enseñamos y finalmente seremos enseñados por él. El maestro tuvo su maestro, y el que hoy es Padre, un día también fue hijo.

Nadie es Padre si no tiene un Hijo, y nadie es Hijo, sino tiene un Padre, dijo un Rabino, un hombre de Dios, y es  que no se equivoco. Todo  Hijo necesita ser enseñado de su Padre. Nuestro pueblo Judío nos lo ha enseñado a través de las generaciones, a través de la transmisión oral de las enseñanzas de la Torá, de Padres a Hijos y de Maestros a discípulos, que esa ha sido la única razón de la existencia de un pueblo tan pequeño y tan odiado co mo el pueblo Judío. Esto nos enseña que la Eternidad de una generación, solo se consigue a través del aprendizaje y la  transmisión de las enseñanzas. Creando un  círculo interminable que permite que las generaciones futuras, formen él Pueblo de Hashem del mañana, sin temor que alguien pueda quitarles su identidad o su sentido de pertenencia, pues al ser un pueblo que se preocupa de aprender y educar, se transforma en un pueblo con generaciones eternas, dignas de seguir existiendo.

¿Tu quieres la Eternidad de tu hijos, y de tu familia? Déjate enseñar, y luego enséñales lo que realmente les conviene. Como está escrito:

“El mundo y sus deseos pasa, más lo que hacen la voluntad de Hashem permanecen para siempre”. NO se puede criar, ni formar, sin ENSEÑAR, pero no se puede ENSEÑAR sin APRENDER, de alguien que a su vez aprendió y recibió de otro.

Yeshuá nuestro amado maestro decía: “Todo lo que mi Padre me dice que diga, esto yo
digo”.

En las Yeshivot (casas de estudio de Torá) el Rabino, es el Padre espiritual de los discípulos. El Rabino casi siempre, tiene un hijo, el cual recibió de su Padre todo lo que él sabe, para que a su vez,  el  hijo,  pueda  seguir  transmitiendo  las  enseñanzas  de  su  Padre  a  los  demás  hijos  y alumnos que participan y viven en la comunidad. Cuando el Rabino Padre está viejo, y su voz ya casi no se escucha, el Rabino Hijo, es quien dirige la asa mblea y enseña a los asistentes las palabras de Torá que recibió de su Padre. Cuando uno de la asamblea quiere preguntar, luego de la pregunta, el Rabino hijo contesta: “Todo lo que mi Padre ha dicho que diga, esto diré yo”. Lo cual nos muestra, que la figura Judía de las Yeshivot, que se da entre el Rabino Padre y el Rabino hijo, es la misma, que hay entre Yeshuá el Rabino Hijo y Hashem el Rabino Padre.

El emisario Shaul de Tarso escribió:

“Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí,  esto haced;  y el Dios de paz estará con vosotros (Filipenses 4:9)

“Por lo demás,   hermanos,   os rogamos y exhortamos en el Señor Yeshua,   que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más (1 Tesalonicenses 4:1)
 ¿Qué son estas palabras de Shaul? Son pura transmisión oral, enseñanzas que se impartieron a personas que como hijos se sujetaron a los que les enseñaban. Maestros que recibieron de otros Maestros las enseñanzas que ahora imparten, logrando así generaciones eternas que aún estudian y aprenden de dichas enseñanzas.

¿Cómo se puede criar hijos, como se puede formar una generación? Cada vez aprendemos de otro, cada vez que nos sujetamos a uno mayor, comenzamos una unión sobrenatural con el ejemplo celestial entre Yeshuá Hijo y Hashem Padre. Permitiendo así, que nuestros hijos y alumnos puedan también generar ese lazo con la Eternidad. No hay cabos sueltos, todo es parte de una perfecta y eterna unidad. Como si la escalera de la jerarquía espiritual, impuesta por Hashem, la que vio Yaacov, estuviera en medio nuestro, bajando de ella, los poderes del mundo celestial, trayendo los poderes del mundo venidero, pero al mismo tiempo, subiendo por ella los logros de la justicia y la bondad que se logran a través del la Torá. Creando de ese modo hijos capaces y preparados, que enseñaran a sus hijos, pero estando sujetos a otros. Hijos que traspasaran el umbral de la pobreza espiritual y harán heredar a las futuras generaciones el poder de buena noticia plasmada en la bendita Torá, y porque no decirlo: Hijos que nos adentraran en la llegada del Mesías Rey, y el comienzo del Mundo venidero.

Shavua Tov (Buena Semana)

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