viernes, 14 de noviembre de 2014

El árbol de las vidas


Esta semana estudiamos la porción “Jaie Sara”, la cual comienza hablando sobre la muerte de la matriarca Sará. Como podemos ver, nuestra parasha se llama “Las vidas de Sara” y sin embargo comienza hablando de su muerte. Esto es muy profundo, pues da pie para saber un poco más de aquello que existe después de la muerte, está escrito en nuestra porción:

“Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara. Y murió Sara en Quiriat-arba,  que es Hebrón,  en la tierra de Canaán;  y vino Abraham a hacer duelo por Sara,  y a llorarla” (Bereshit – Genesis 23:1-2)

En las traducciones al español no logramos captar toda la riqueza de la santa lengua hebrea, por lo cual, para poder profundizar tenemos que necesariamente ir al hebreo. Lo primero que leemos en nuestra porcion es:

“vaieiu jaie Sará”, lo que literalmente significa: “Y fueron las vidas de Sara”, ya que en hebreo no existe la palabra “vida” en singular, sino que solamente la palabra “vidas” en plural, “Jaie” o “Jaim”, lo cual nos muestra que una persona tiene “vidas” y no solamente “vida”. Lo cual es muy profundo y muy difícil de explicar. Son varias las teorias a las que podríamos recurrir, para explicar porque la Torá nos muestra que el ser humano tiene “vidas” y no solo “vida”. Veamos algunos ejemplos:

Los hombres llevamos “vidas” dentro de nuestro aparato reproductor. Nuestra “semilla” contiene millones de mundos y de realidades que no han venido a existir. Lo mismo sucede en la mujer, la cual es la fuente que contiene esas vidas. De ahí nace la importancia de no “desperdiciar la semilla”, "y de no unirse intimamente a una mujer menstruante" pues aquello significaría, desperdiciar las vidas que está dentro de la persona.

Si recordamos la ocasión en que Caín mato a su hermano Habel, veremos que nos dice el texto de la Torá en hebreo: “Kol demei” lo cual se traduce “las voz de las sangres”, a pesar que en el texto traducido leemos: “la voz de la sangre de tu hermano”, en hebreo leemos “sangres”, porque en realidad, cuando Caín le quito la vida a su hermano Habel, no solo interrumpio la vida de su hermano, sino que “las vidas” que estaban en la semilla de Habel. Todas esas realidades potenciales que residían en el justo Habel, todos esos mundos, todas esas bendiciones que pudieron haber traido a este mundo los decendientes de Habel, fueron interrumpidas cuando su hermano Caín lo mato.

Otra cosa interesante que hallamos en el texto hebreo de la Torá, es la manera en que la Torá relata la edad de Sara. Literalmente leemos: “meot shana” “cien año”, “vesriim shana” “y veinte año” “vSheva shanim” “y Siete años”. Si nos fijamos bien, el texto hebreo no es como la traducción al español, donde leemos simplemente: “Ciento veinte siete años”, sino que el texto hebreo dice, que la edad de Sara fue: “cien años” y “veinte años” y “siete años”. La manera en la que la Torá separa la edad de Sará, nos muestra que la vida de Sara, y la vida de una persona contiene “vidas”, pues las etapas de la vida de Sara, en sí misma, corresponden a “vidas” dentro de su vida. Así también nosotros, no somos los mismos de hace 20 años atrás, ni seremos los mismos en 20 años más, pues la vida misma hará que nuestra vida este marcadas por etapas que constituirán “vidas” dentro de nuestras existencias, que nos marcarán y determinaran que clase de persona seremos en el futuro. Así, la vida de Sara, estuvo marcada por distintas etapas y de seguro, a nosotros nos sucede lo mismo, estamos marcados por distintas experiencias que fijan un antes y un después.

Tenemos por lo tanto, la posibilidad de mejorar en cada etapa de nuestras vidas, porque como cada cosa tiene su tiempo debajo del sol. Así también cada vida tiene una etapa distinta que experimentar, la cual hará de su vida, una vida distinta a la que un día tuvo.

Esto trae nuestra memoria las palabras de nuestro amado Mesías Yeshuá cuando dijo:

“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Di-s” y el Rabino que discutía con él le preguntaba: “¿Cómo puede una persona entrar en el vientre y volver a nacer?”. Pues en realidad, de lo que hablaba nuestro amado Mesías Yeshuá, era de la posibilidad innata que tiene el ser humano dentro de su naturaleza, de “volver a comenzar”, “volver a nacer”, morir para volver a vivir.

Ahora bien, notemos que esto no es una mera suposición, pues desde el punto de vista del proceso de creación de las criaturas en los vientres de sus madres, el bebe debe estar en “agua” durante toda la época de gestación, 40 semanas, 9 meses, antes de nacer, o bien, antes de salir a una “nueva vida” para él, (pues ya vivía), lo cual hace que su nacimiento sea una vida más, de las muchas que la criatura tendrá dentro de su corta existencia. ¿Tenemos “vida” o “vidas”?

Por esta razón es que nos sumergimos en las aguas, al confesar a Yeshuá resucitamos a una nueva vida. Pues el poder del “mikve” y la “tevila” en las aguas, por medio de la fe y el arrepentimiento, crean en el alma del ser humano, a una nueva criatura en el Mesías Yeshuá, como está escrito:

“Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo,  a fin de que como el Mesías resucitó de los muertos por la gloria del Padre,  así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:4)

Sepultados con él en la inmersión de las aguas, en el cual fuisteis también resucitados con él,  mediante la fe en el poder de Di-s que le levantó de los muertos (Colosenses 2:12)

Como vemos, si somos muertos en el “mikve” por la autoridad de Yeshuá, somos resucitados por el poder de Di.s, que obra en nosotros por la muerte y resurrección de Yeshuá el Mesías, quien nos dio una nueva vida cuando creímos en él. Es decir, se nos da “vida” dentro de la “vida”, lo cual afirma lo que venimos diciendo, el ser humano, no tiene simplemente “una vida”, sino que “vidas”. Para Di.s estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, a pesar de que estábamos vivos, ¿Cuánto más será la vida, cuando realmente muramos a este cuerpo?

Por eso, una interesante pregunta que podemos hacernos, pero que no sabemos si podemos contestar es: ¿Si en esta vida, tenemos la posibilidad de tener “vidas”, que habrá después de la muerte, sino también la posibilidad de tener “vidas”? No lo sabemos, lo cierto es que el ser humano tiene dentro de sí, en los niveles de su alma, una esencia Eterna, que nunca puede morir. Por esta razón es que nuestro amado Mesías Yeshuá dijo, citando a la Torá: “Di-s, no es Di-s de muertos, sino de vivos” ¿Y si Di-s no es Di-s de muertos, luego Abraham, Yitzjak, Yaacov, están vivos o muertos?

La Torá también nos habla acerca del árbol de la vida, en hebreo: “Etz Jaim” “Arbol de las vidas”, lo que nos muestra que en realidad en ese árbol están contenidas las almas de todas las existencias humanas, y por esta razón, es que cada vida humana que vino a existir, tiene en realidad una misma fuente, “el árbol de las vidas”. Ahora bien, fíjense bien lo que nos dice el siguiente pasaje:

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Iojanan – Juan 1:4)

En el texto hebreo del “brit hadasha” leemos: “jaim” “vidas” y no “vida”. Es decir, en él, en Mashiaj, estaban las vidas, en él estaban sujetas las existencias de todos los seres humanos que vendrían a nacer a este mundo, y por eso, es que la obra de obediencia, y de sacrificio de Mashiaj Yeshuá, hace que sus meritos sean tan elevados, para que con su muerte y resurrección nosotros podamos también tener acceso al árbol de la vida. Como está escrito:

“Yo soy, la verdad, el camino, y LAS VIDAS (Iojanan - Juan 14:6) y también: “y matasteis al autor de las vidas,  a quien Dios ha resucitado de los muertos,  de lo cual nosotros somos testigos” (Hechos 3:15)

No he forzado los textos, simplemente los he llevado al hebreo, del cual sabemos, que no existe la palabra “vida” sino que “vidas”, por lo cual, si lo vemos desde este punto de vista semántico hebreo, cuando Mashiaj Yeshuá, habla de ser “las vidas” está aludiendo al “árbol de las vidas” o “Etz Jaim”, o cuando el Shaliaj Kefa dice: “Matasteis al autor de la vida”, en realidad se está refiriendo “al árbol de la vidas” que contiene a todas las almas que han existido, existen y existirán, el cual es el Mashiaj Yeshuá.

Por esta razón, es que Mashiaj Yeshuá a través de su muerte y sacrificio, permite que todos nosotros en él, tengamos la VIDA, pues en él estaban las vidas, y todos los muertos pueden volver a vivir, como él mismo dijera: “el que cree en mi, aunque este muerto vivirá” y también: “De modo que si alguno está en el Mesías, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron;  he aquí todas son hechas nuevas” (2Corintios 5:17)

Un día el santo bendito determino, quitarnos el árbol de las vidas: “ahora,  pues,  que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida,  y coma,  y viva para siempre” (Génesis 3:22), pero a su debido tiempo, nos lo volvió a compartir en las fe, vida, obra, y enseñanzas de nuestro Mashiaj, para que todo aquél que en él cree tenga VIDAS de la Eternidad.

“En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida,  que produce doce frutos,  dando cada mes su fruto;  y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones” (Apocalipsis 22:2)
¿Cuáles son los doce frutos, sino Israel? ¿Y que son las hojas, sino, las enseñanzas del Mesías?

“Dichosos los que lavan sus ropas,  para tener derecho al árbol de la vida,  y para entrar por las puertas en la ciudad” (Apocalipsis 22:14)

Shavua Tov – Buena Semana

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