jueves, 23 de septiembre de 2021

Parashat Vezot Haberajá / ¿Por qué se nos ha enseñado a bendecir?




VeZot HaBerajá (Y esta es la bendición) es la última porción de la Torá con la cual terminamos un ciclo más de estudio de la bendita Torá. Moshé el siervo de Hashem está a punto de morir y como el gran Padre que fue para Israel, él no desea el mal para sus hijos, sino que por sobre todo el bien. Todo Padre que ama a sus hijos, por más que estos hubieren sido obstinados en algún momento de sus vidas, les dejara lo mejor de él, ¿Y qué era lo mejor que Moshé tenía? A parte de todas sus enseñanzas, y el inmenso legado que le dio al pueblo a través de su ejemplo y servicio al creador, Moshé tenía muchas bendiciones que dejar a su amado pueblo. Y así lo hizo, antes de morir bendijo a todos los hijos de Israel.

Que privilegio es poder bendecir y no maldecir. Muchas personas antes de morir terminan maldiciendo a la vida y a las circunstancias, algunos maldicen a sus familiares, a sus amigos, a ellos mismos y otros más necios maldicen a Di.s, pero Moshé que murió según un hermoso Midrash de un beso de que Di.s le dio, termino sus días derramando bendiciones sobre su pueblo. Los que aman a Di.s y a sus semejantes pueden ser fuentes de bendición en este mundo y solo un hombre comparable a Moshé puede terminar sus días dando bendiciones a su pueblo, como lo hizo Yeshuá nuestro amado Mesías, que es el profeta como Moshé que habría de levantarse (Devarim 18:15) termino sus días bendiciendo al pueblo y a sus discípulos:

“Padre perdónalos, pues no saben lo que hacen” (Lucas 23:34)

“Entonces los condujo fuera, hasta cerca de Beit-Anyá, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que mientras los bendecía, se separo de ellos y fue llevado arriba al cielo.” (Lucas 24:50-51)

Esto nos muestra la importancia de las “Berajot” (Bendiciones), y como ellas pueden ser utilizadas por Hashem como un medio dador de vida y un medio profético que servirá para cumplir en nosotros el propósito para el cual Hashem ha permitido que vengamos a este mundo. Nuestro Pueblo Israel a lo largo de toda su existencia se ha caracterizado por tener distintas bendiciones por cada acción que cotidiana o litúrgica que se realiza. Dentro de la fe Judía la convicción es la siguiente: Somos siervos de Di.s, y por lo tanto a cada instante le servimos bendiciéndole por todo lo que disfrutamos y por todo lo que existe.

El emisario Shimon Kefa (Pedro) escribió diciendo:

“No devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1Pedro 3:9)

Las bendiciones forman parte central de la vida de un hijo del Eterno que guarda la fe de la bendita Torá. Cuando nos despertamos a penas abrimos los ojos decimos:

“Te agradezco Rey viviente, porque me has devuelto el alma con misericordia, inmensa es tu fidelidad”

Inmediatamente (según el rezo diario de Shajarit) luego de hacer las necesidades biológicas se bendice al Eterno por Crear los orificios del cuerpo, los cuales permiten que vivamos, pues si uno de ellos se obstruyera o se tapara no podríamos vivir ni una hora. ¡Hasta a ese punto uno debe bendecir a Hashem por todo! A continuación nos lavamos las manos, diciendo la respectiva bendición, para luego comenzar la liturgia de la oración matutina.

En la tradición del pueblo Judío bendecimos a Hashem por: La inteligencia, por la vista, por la capacidad del movimiento, por la postura erecta del cuerpo, por la vestimenta, por la energía, por la firmeza de la tierra, por la capacidad de caminar, por el calzado de los pies, por la fuerza, por la distinción de la cabeza (kipa), por no hacernos gentiles (debe entenderse el sentido de la bendición), por no hacernos mujeres (la mujer bendice por hacerla conforme a su voluntad y por no hacerla mujer gentil), por la libertad, por la liberación del sueño, por el estudio de la Torá, por colocarnos el talit(manto de oración), por ponernos los tzit tzit (filacterias), por ponernos tefilim (oraciones), etc.

El pueblo de Israel se ha acostumbrado a bendecir tanto, que hemos llegado a dar gracias incluso hasta por el discernimiento del gallo diciendo: “Bendito eres tu Adonai nuestro Elogió que das la inteligencia al gallo para discernir entre el día y la noche”.

Es tan importante en la fe Judía el tema de las bendiciones, que nuestros sabios discuten ampliamente en los tratados de Berajot (Bendiciones) del Talmud, desde hasta como estar exteriormente para decir una bendición hasta como decirlas, donde decirlas, etc.

Está escrito en el Talmud: “El hombre no debe disfrutar nada en este mundo sin decir previamente una bendición" (Berajot 35 a, b)

¿Cuál es el fin de que bendigamos, como lo hacemos? Como está escrito en nuestra bendita Torá; “Si escogiereis el bien”. La ecuación que nos propone la Tora es simple: Maldición es igual a Muerte, Bendición es igual a Vida: Es decir que en nosotros esta el poder de elegir la vida a través de las bendiciones. Pero ¿A qué vida se está refiriendo la Tora? Sin duda alguna a la vida del mundo venidero que podemos disfrutar en este presente. Si elegimos bendecir a Di.s por todo, si elegimos bendecir al prójimo, y con ello vivir una vida de obediencia a Hashem, habremos elegido, la vida en lugar de la muerte. Cada vez que bendecimos elegimos la VIDA, y traemos a este mundo toda esa espiritualidad y divinidad reservada solo para los justos en el mundo venidero ¡al ahora ya!

Para algunos las distintas bendiciones que se usan en la fe Judía podría resultar ser “vanas repeticiones”, argumento que nace de la mala interpretación de las palabras de nuestro amado Mesías:

“Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos” (Mateo 6:7)

Nos preguntamos: ¿Esta Yeshuá prohibiendo las repeticiones de la fe Judía? La respuesta es un no rotundo. Está escrito en la Torá que uno debe REPETIR las palabras de la Torá, y respecto del Shema recitarlo al levantarnos y al acostarnos:

“Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes (Devarim/Deuteronomio 6:7)

Como podemos leer, Hashem está mandando que la bendición más importante del pueblo de Israel; “Shema (Escucha)” se REPITA de forma diaria y constante. Por lo cual no podemos entender las palabras de Yeshuá como un cambio a la exigencia de la Torá. La clave para entender las palabras de nuestro santo maestro se encuentran en la expresión “vanas repeticiones”. Es decir la prohibición de Yeshuá es respecto de las repeticiones que no TIENEN valor espiritual, no así las bendiciones que están llenas de riqueza espiritual como nuestra SHEMA. Esas vanas repeticiones que según nuestro amado Mesías los gentiles usaban, pensando que por sus palabrerías serian escuchados. Esto también nos muestra que no son los gentiles (no temerosos de Hashem) los elegidos para formular las bendiciones con las cuales se debe servir a Hashem, sino que Israel. Y esto se desprende del pasaje de la Tora, donde Hashem le dice a nuestro Padre Abraham respecto de su descendencia:

“Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Bereshit – Genesis 12:3)

Nuestro amado Mesías Yeshua luego de decir aquellas palabras, diría: “Vosotros orareis así”

¿No es acaso eso, una orden a orar con una forma preestablecida? Yeshua esta justamente enseñando un “rezo”, una oración que debe repetirse, la popular oración “del Padre nuestro”. Por lo tanto, no podemos quedarnos en la posición fría e ignorante de los que señalan a las bendiciones Judías como meros trámites litúrgicos sin sentido espiritual. Sino más bien aceptar y comprender que las bendiciones creadas por el pueblo de Israel, son Torá, y además forman parte de la cultura espiritual que el mismo pueblo santo ha creado a través de miles de años con la sola practica de bendecir a Hashem por todo la manera correcta de servir a Hashem. “Bendecir” es una acción totalmente Hebrea, una acción que emana de los cielos, una acción que emana de Di.s mismo, y que tiene miles de años, tantos como la misma tierra:

¿De quien aprendió el pueblo Judío la importancia de bendecir? De Hashem mismo, pues el termino su magna obra creadora bendiciendo, como está escrito en la sagrada Tora: Respecto de los animales marinos dice: “Y los bendijo Dios”, respecto de la creación del hombre dice: “Y los bendijo Dios”, respecto de la creación del Shabát séptimo día de la creación dice: “Y lo bendijo Dios y lo santifico”. (Bereshit – Génesis 1:22-27- y 2:1-3) Así que de Di.s aprendimos que se debe bendecir siempre.

De aquí también podemos concluir que cada vez que apreciamos el milagro de la creación estamos obligados a bendecir. Esta es la razón por la cual bendecimos el pan diciendo: “Bendito eres tu Adonai nuestro Elohim, Rey del universo, que extraes el pan de la tierra”, pues el pan es un producto que resulta de la creación, Hashem lo saca de la tierra para nosotros y nosotros bendecimos por el milagro de la creación.

También decimos respecto del fruto de la vid: “Bendito eres tu Adonai rey del universo, que creaste el fruto de la vid”, pues el vino que producimos de las uvas de la vid, Hashem creó el fruto para nosotros, y nosotros bendecimos por el milagro de la creación.

Así cada vez que vemos el poder sobrenatural de la creación actuar, ya sea en un alimento, como el pan o un líquido como el vino, o en nuestros propios cuerpos cuando despertamos, se abren nuestros ojos y el sueño nos abandona; estamos obligados a bendecir.

¿Cómo saber entonces cuando y como bendecir? Nuestro pueblo Israel nos ha dado una hermosa Herencia, que hoy sin haber trabajado en ella ni por ella, nos permite participar de ella y bendecir de forma correcta y agradable a Dios. Debemos por tanto aprender de esta herencia, estudiarla y practicarla a diario, para que cada día nuestras bendiciones se tornen más perfectas delante del Creador, bendito sea.

Nuestro amado Mesías como Hijo de Israel y Judio que fue, respetaba las tradiciones de su pueblo, y practica las diversas bendicones de la tradición, lo podemos ver en los siguientes pasajes:

Yeshua bendecía el pan: “Y tomando los cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente. (Lucas 9:16)

Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio (Lucas 24:30)

Las palabras de Yeshuá para bendecir el pan fueron: “Baruj Ata Adonai Eloheinu Mejel HaOlam Hamotzi lejem min Ha´aretz” (“Bendito eres tu Adonai nuestro Di.s Rey del Universo que extraes el pan de la tierra”) En la tradición de nuestro pueblo se dice que el Pan es el Rey de la mesa, y es por eso que su bendición no puede faltar en la mesa de un Hijo de Israel. Por esta razón es que siempre que en los evangelios se nos relata que Yeshuá comía pan con sus discípulos, nos dicen los autores; “Y Yeshuá bendijo...” debido a la importancia del pan sobre la mesa, como un milagro de la creación.

Yeshuá bendijo el vino:

“Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; (Mateo 26:27)

La expresión: “Habiendo dado gracias” alude a la bendición Judía por el Kidush: “Baruj Ata Adonai Eloheinu Melej HaOlam Bore Peri Hagafen” (Bendito eres tu Adonai nuestro Di.s Rey del Universo que creaste el fruto de la vid)

Yeshua bendijo a los niños:

“Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. Pero Yeshua dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos” (Mateo 19:13-14)

Otros pasajes de los demás evangelios dicen que traían a los niños para que Yeshuá los tocase, sin duda, era para que él los bendijera. La bendición Judía para los niños era conocida desde hace ya muchos años, estas fueron las palabras que Yeshuá dijo sobre los niños, pues está escrito en la Torá, que así se debía bendecir a los pequeños:

Y los bendijo aquel día, diciendo: Por ti bendecirá Israel, diciendo: Que Dios te haga como Efraín y Manasés. Así puso a Efraín antes de Manasés. (Bereshit - Génesis 48:20)

Las palabras de Yeshua fueron: “Ysimja Elohim Ki-Efraim Ve-Ki-Menashe” (Que Di.s te haga como Efraim y como Menashe)”

Y sobre las niñas decía: “Ysimej Elohim Ke-Sara, Rivka, Rajel veLea” (Que Di.s te haga Sara, Rivka, Rajel y Lea)

El emisario Shaul nos enseño diciendo:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Yeshua el Mesías, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en el Mesías” (Efesios 1:3)

Lo cual nos muestra que las bendiciones (todas) litúrgicas y también las espontaneas, etc., son bendiciones espirituales que residen en el cielo que Di.s mismo a preparado para nosotros que estamos en el Mesías Yeshua.

Si usted me ha leído hasta aquí ya sabrá entonces que las bendiciones no son creaciones humanas, sino que instancias inspiradas por el espíritu santo, que nos abren un camino a la vida del mundo venidero solo accesible por la vía del agradecimiento. Este principio de Bendecir a Hashem por todo, de bendecir a Hashem por la creación, y de bendecir a la creación, como cuando se bendice a los hijos, es el principio que heredo nuestro pueblo Israel desde hace miles de años atrás.

Yaacov (Jacob) bendijo a sus 12 hijos antes de morir. Cada bendición del patriarca representa en sí misma un universo de sabiduría y de acontecimientos proféticos de cada una de las familias de Israel. Y no solo eso, sino que cada bendición nos hablan también del plan redentor de Di.s para la humanidad a través de Israel y el Rey Mesías.

El Eterno le enseño al Aharon la forma correcta de cómo bendecir a los Hijos de Israel, con esta maravillosa bendición, y si has leído hasta aquí, le ruego al cielo que así también haga para ti:

YEVAREJEJA ADONAI VEISHMEREJA YAER ADONAI PANAV ELEJA VIJUNEKA ISA ADONAI PANAV ELEJA VEYASEM LEJA SHALOM.

(Hashem te bendiga, y te guarde; Hashem haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Hashem alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz) (Bemidbar - Números 6:24-26)

¡Shabat Shalom!  ¡Jag Sameaj Sucot!

martes, 24 de agosto de 2021

Parasha Ki Tavo 5775 - El mandamiento de estar alegres

Parashá 50 KI TAVO    
 Deuteronomio 26:1 – 29:9

Shabat Shalom Javerim: 

בס״ד - Bs”D – con la ayuda del cielo - estamos estudiando esta semana la parashá Ki Tavo (cuando llegues). En esta oportunidad me gustaría que pudiésemos comentar el siguiente versículo de nuestra bendita Torá:

“Y sucederá que cuando llegues a la tierra que HaShem tu Elohim te da por herencia, tomes posesión de ella y habites en ella, tomarás lo primero de todos los frutos del suelo que recojas de la tierra que HaShem tu Elohim te da, y las pondrás en una canasta e irás al lugar que HaShem tu Elohim escoja para establecer su nombre.” (Devarim 26:1-2) 

La sección de esta semana nos habla del mandamiento de traer los primero de las primicias “Bikurim” (primicias), que los israelitas debían presentar delante de Hashem, como una acción concreta del agradecimiento que sentían. La ofrenda de Bikurim consistía en la entrega de los 7 frutos nombrados en Devarim 8:8: Trigo, cebada, vid, higos, granadas, aceitunas y dátiles. La mitzva de Bikurim es aceptada por el sacerdote (Cohen) entre la festividad de Shavuot y la festividad de Januka en forma anual. Este precepto comenzó a regir en la tierra de Israel, solo 14 años después que toma ron y dividieron la tierra.

Esta ofrenda también es mencionada en Éxodo 23:19a y 34:26a, donde está escrito: 

“Traerás lo primero (reshít) de las primicias (bikurim) de tu tierra a la casa de HaShem tu Elohim...” 

Cada miembro de Israel debía hacer un esfuerzo personal e individual de llevar su canasta con los primeros frutos de su cosecha para ofrendarlos delante de Hashem. Cuando llegaba el tiempo del nacimiento de los primeros frutos, los Israelitas marcaban con una pequeña “amarra” o “señal” los primeros frutos de sus árboles, pues esos serían entregados a Hashem. Esto nos enseña que la alegría y el agradecimiento del cual nos demandara Hashem en esta porción, son actitudes trabajadas con precaución y anterioridad a los momentos donde terminan por manifestarse. 

Tenemos el caso de la mesa de cena del Shabat, ¿Qué es lo que hace la mujer del hogar antes que termine el viernes y caiga el sol? Ella desea dar lo mejor de sí a Hashem, su primicia. Por lo cual, como está alegre y agradecida, prepara todo con antelación de forma perfecta se preocupa de todo detalle, para cuando llegue el momento indicado, termine manifestándole a Hashem, a través del encendido de las velas, cuan agradecida y alegre está por haber llegado a esa ocasión. 

Respecto de esto mismo podríamos señalar que el mandamiento de estar alegres y de dar gracias es en realidad una consecuencia de una preparación previa a los momentos concretos donde debemos manifestar la alegría y la acción de gracias. 

Por ejemplo nos dice la bendita Torá: 

“Entonces hablarás y dirás delante de Hashem tu Dios: Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa; y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Hashem el Dios de nuestros padres; y Hashem oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Hashem nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros” (Devarim 26:5-8) 

Lo primero que debía hacer el Israelita era recordar ese estado original en el que estuvo. El texto de la Torá nos dice: “nos maltrataron” “nos afligieron” “pusieron sobre nosotros dura servidumbre” Luego dice que Hashem les libro de: “Aflicción, trabajo, opresión”. Este es el estado de la DEPRESIÓN. 

Una persona deprimida está afligida, trabajada, oprimida. Una persona deprimida está maltratada por distintas circunstancias, y es esclava de un duro estado espiritual QUE LO DESTROZA A DIARIO. La Torá usa la expresión- “Hashem NOS SACO”. Porque una persona triste en realidad está un lugar que no pertenece al estado normal de la neshama de un hijo de Israel, de un hijo de Dios. El creyente en Yeshua que está deprimido y triste debe “ser sacado” de este lugar o estado espiritual que no debe estar, que no le corresponde. 

Así vemos que para llegar al estado de la alegría debemos reconocer que estuvimos deprimidos, y cansados. Y para dar gracias hay que reconocer que ese estado terrible en el que nos hallábamos es parte del pasado, y que no afectara nuestro presente de forma negativa, sino que de forma positiva, ¿Cómo? Recordaremos lo pasado solo para dar gracias y alegrarnos en lo que Dios tiene en el aquí y en el ahora para nosotros, y que todo lo vivido en el pasado A SIDO PARA BIEN. 

En realidad el Israelita que llegaba delante del sacerdote a presentar su ofrenda debía sacar de si, toda actitud pesimista y entender en qué momento de su vida se encontraba, estaba: 

¡Delante del rey de todas las cosas! ¡Presentando lo mejor que Hashem le ha dado! ¿Cómo no dar gracias? ¿Cómo no estar alegres? No hay palabras que alcancen para estas ocasiones. 

Respecto de estas ocasiones, esta parasha comienza con las palabras “Cuando llegues”, y esto es para enseñarnos que la ALEGRÍA, y la ACCIÓN de gracias, tienen que ver con “LAS LLEGADAS” o con los “INICIOS”. 

Si recordamos lo que nos dice el Salmo: 

“Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre” (Tehilim 100:4) 

Siempre que LLEGAMOS a un lugar, estamos marcando el término y el inicio de un ciclo, y según la Torá, cada término e inicio se debe enfrentar con ALEGRÍA Y CON ACCIONES DE GRACIAS. 

Nos dice la bendita Torá: 

“Y te alegrarás en todo el bien que Hashem tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, así tú como el levita y el extranjero que está en medio de ti” (Devarim 26:11) 

Podemos entender que la llegada o el inicio de un momento espiritual, (o físico) pero concreto delante de Hashem, como por ejemplo traer las ofrendas de Bikurim, debe ser expresado con real alegría, con acciones de gracias delante del cielo. Lo mismo sucede cuando acudimos en Shabat a reunirnos para celebrar ¿No es nuestra vida y actitud una ofrenda delante Hashem, una verdadera primicia? Muchos no le están dando las primicias espirituales a Hashem, y para muchos la reunión del Shabat es un mero trámite, o incluso, algo que no es tan necesario en sus vidas espirituales. 

Cuando un niño va comenzar sus estudios, está ansioso por estar con sus compañeros, está alegre, muy contento de ver a sus amigos. Cuando comenzamos en un nuevo trabajo, ¿Cuál es nuestra actitud? Nadie andaría con la cara larga su primer día de trabajo, sino que con mucho ánimo para que todas las cosas salgan bien. Cuando alguien comienza alguna labor o tarea debe hacerlo con alegría, con agradecimiento, de lo contrario no podrá obtener ningún resultado beneficioso, cualquier sea esa labor o tarea, siempre se necesitara del poder de la alegría. 

Estar alegre es un gran mandamiento que no podemos dejar de cumplir. Por ejemplo cuando un esposo llega de su trabajo a su casa, contento por haber terminado un día laboral, y encuentra a su esposa con su rostro hasta el suelo ¿Qué sucederá ahí? De seguro no habrá armonía, esa actitud de la esposa causara de seguro desanimo en el esposo, o incluso una discusión. Y si en sentido contrario, la mujer está feliz en la casa, y su esposo llega enojado por haber tenido un mal día en su trabajo, o molesto por las circunstancia de su vida, afectara a su esposa, romperá la unión, y esa familia no podrá recibir la bendició n de Hashem. Pues la bendición de Hashem solo recibe cuando hay ALEGRÍA. 

Las sagradas escrituras nos dicen: 

“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4) “Cantad alegres a Hashem, toda la tierra; Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos (Tehilim 98:4)  

“Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra (Tehilim 100:1). 

“Grandes cosas ha hecho Hashem con nosotros; Estaremos alegres (Tehilim 126:3) 


La misma Parashá señala que todas las desgracias mencionadas nos llegarán por no haber servido a Dios con alegría: 


“Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas; por cuanto no habrás atendido a la voz de Hashem tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó; y serán en ti por señal y por maravilla, y en tu descendencia para siempre. Por cuanto no serviste a Hashem tu Dios con alegría y con gozo de corazón, por la abundancia de todas las cosas" (Deuteronomio: 28; 47) 


Al leer dicho texto nos sorprendemos: ¿Si cumplimos con todos nuestros deberes, pero sin alegría, merecemos castigo? ¡La respuesta es Sí!, porque la clave de la alegría es la palabra principio, inicio, de aquí que está porción comience diciendo: “CUANDO LLEGUES”... Indicando un inicio. La Vehaiá (Y cuando) también significa “alegría”, puesto que habla de la entrada a la tierra de Israel donde de seguro hubo alegría, ¿Se imagina usted lo que sucedió cuando Israel piso por primera vez la Tierra? 

¿Podemos pensar en la alegría de Myriam cuando el pueblo cruzo el mar en seco y escapo del ejército de Faraón? Todo era sinónimo de un comienzo nuevo. 

¿Podemos imaginar la ocasión en que Israel recibió la Torá de Hashem? Ellos dijeron “HAREMOS TODO LO QUE HASHEM DIGA”. Recibieron la Torá con alegría y quisieron cumplirla con alegría. Esto nos muestra que la Torá y la puesta en obra de los mandamientos debe vivirse con la misma intensidad que tuvimos el primer día cuando la recibimos. Después de 40 años y más, Hashem le estaba demandando al Pueb lo de Israel, alegría para guardar los mandamientos, la misma alegría del desierto debes tenerla ahora que estas en casa. 

Luego de haber sufrido en Egipto, después del trabajo y de las humillaciones, después de haber sido oprimidos, de haber perdido una generación entera en el desierto. Luego de haber batallado contra los enemigos que vivían en la tierra de Israel, y luego de esperar 14 años para la subdivisión y entrega de las tierras, por fin podrían llevar delante de Hashem los primero frutos de sus cosechas. 


¿Quién sería el mal agradecido, que NO soltaría sus labios para declarar todo el bien que ha recibido del cielo? ¿Quién de nosotros no tiene ningún motivo para dar gracias a Hashem? 


En realidad la presentación de las primicias, eran un medio más, lo que en realidad Hashem buscaba era ver a sus hijos alegres, y agradecidos por todo lo bueno que su Padre y Rey les había dado, les estaba dando y les daría en el futuro. 

¿Y tú, no darás gracias este Shabat? 

Shabat Shalom
אברהם בן יעקב

domingo, 22 de agosto de 2021

Parasha Ki Tavo 5779 / No somos de los que retroceden para perdición


Parashá 50 KI TAVO    
 COMENTARIO DE LA PORCIÓN SEMANAL DE LA TORÁ 
Deuteronomio 26:1 – 29:9


Shabat Shalom Javerim: 

בס״ד - Bs”D – con la ayuda del cielo - estamos estudiando esta semana la parashá Ki Tavo (cuando llegues).  En esta oportunidad me gustaría que pudiésemos comentar el siguiente versículo de nuestra bendita Torá:

Un arameo errante fue mi padre, el cual con muy pocos hombres bajó a Egipto para habitar allí temporalmente, y allí llegó a ser un pueblo grande, fuerte y numeroso. Pero los egipcios nos maltrataron y afligieron, y pusieron sobre nosotros una dura esclavitud. Entonces clamamos a YHVH, Dios de nuestros padres, y YHVH oyó nuestra voz y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión, nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con gran terror, con señales y portentos, y nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra, tierra que mana leche y miel. Y ahora, he aquí traigo las primicias del fruto del suelo que me diste, oh YHVH. Y las colocarás delante de YHVH tu Dios, y te postrarás delante de YHVH tu Dios (Debarim 26:5-10)

Es un mandamiento de la Torá, una vez que el pueblo de Israel entro en la tierra prometida y se asentó en ella, cada persona llevaría delante de HaShem su “bikurim”, lo mejor y primero de sus frutos y o animales, para presentarse delante de los cohanim (sacerdotes) y entregar la ofrenda. En ese momento debía hacer una hermosa declaración que consistía principalmente en un recuerdo, de cómo había sido la vida de nuestro antepasado Yaacov (Jacob), y la vida de nuestros antepasados que vivieron en Egipto.

Como vemos en el pasaje que hemos puesto al principio, nuestro padre Yaacov, y nuestros padres en Egipto tienen algo en común, y eso es el sufrimiento. Como está escrito: “un arameo errante fie mi padre” y mas adelante, está escrito: “los egipcios nos maltrataron y afligieron, y pusieron sobre nosotros una dura esclavitud.

Solo basta recordar los duros años de Yaacov, su vida y relación en su casa con Padre Itzjak, que amaba más a su hermano Esav. El engaño que sufrió cuando quiso tomar a Rajel por esposa y se le entrego a Lea. Los años que sirvió a Lavan su suegro, los engaños y abusos que recibió de parte de su suegro. La historia de su hija Dina que fue violada, la muerte de su esposa Rajel en el camino, la perdida y “muerte” entre comillas, para él, de Yosef, su hijo más amado. A toda la vida de Yaacov debemos ahora sumarle el sufrimiento de nuestros padres en Egipto, la dura servidumbre a la fueron sometidos bajo la mano del Paró, las injusticias morales, sociales, y espirituales a las que fueron sometidos. Todo esto para que, al fin y al cabo: “HaShem oyera su clamor y les salvara”

Como vemos, algo hay en común, entre la vida de sufrimiento de Yaacov y los sufrimientos de los padres en su estadía en Egipto. Y sin embargo, la Torá, no nos trae a la memoria lo que sucedió con nuestros patriarcas Abraham e Itzjak, ni nos menciona como Yosef fue tratado antes de ser el segundo al mando en Egipto, sino que solo para enfocarnos en un solo tema, la Tora nos cita: El sufrimiento de Yaacov y el sufrimiento de los hijos de Israel en Egipto, para llegar a este trampolín, que cuando llegues a la tierra, NO OLVIDES, todo lo que te costó llegar aquí.

Y esta es la reflexión que nos trae la porción de la semana, solo tu sabes el sufrimiento del cual HaShem te a librado, y de donde él te a sacado. Ahora que estas llegando a la Torá, no lo olvides. Ahora que estas entrando a esta tierra prometida, por los méritos de Yeshúa, recuerda de donde vienes, solo para que tu agradecimiento y amor por él se acrecenté aun más, y así no dejes de proyectarte hacia el futuro con alegría y esperanza.

No es casualidad que esta parashá trate de las maldiciones y de las bendiciones que se reciben por desobedecer u obedecer los mandamientos de Dios, pues el hecho que el “vidui” (confesión) para presentar la ofrenda de bikurim, requiera un recuerdo del sufrimiento de nuestros padres, es un sin duda también, una advertencia a jamás olvidar que la mala vida pasada que tuvimos sin HaShem, o lejos de él, no puede volver a repetirse.

Es bueno no olvidar todo lo que nos a costado llegar hasta aquí, incluso si aún tu viaje es corto, un día de teshuvá, es la diferencia entre una eternidad lejos de HaShem. Por lo cual, si has decidido retornar, no olvides, de donde te saco HaShem bendito, y no retrocedas nunca, pues como esta escrito: 

“Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma” (Hebreos 10:39)
  
Shabat Shalom v”Shabua tov.
אברהם בן יעקב
Año Hebreo 5779