jueves, 16 de mayo de 2019

Parasha Emor 5779 - Una misma ley tendrás


Parashá 31 Emor 5779   

COMENTARIO DE LA PORCIÓN SEMANAL DE LA TORÁ 
Levítico 19:1 – 20:27

Shalom Javerim: 

בס״ד - Bs”D – con la ayuda del cielo estamos estudiando esta semana la parashá “EMOR”.

Esta semana me gustaría comentarles acerca del siguiente versículo de nuestra bendita Torá, y poner sobre él la luz de los escritos de los alumnos de rabenu Yeshúa:

“Habrá una misma ley para vosotros; será tanto para el forastero como para el nativo; porque yo soy HaShem vuestro Dios” (Vayikra / Levítico 24:22)

De este versículo aprendemos que en términos generales la Torá es una sola ley. Es decir, no hay una Torá distinta para el judío y otra Torá distinta para el no judío. Sin embargo, si hay distintas aplicaciones de la Torá, contenidas en la misma Torá, para el judío como para el no-judio.

Por ejemplo, un judío no puede comer carne “taref” (prohibida por la Torá) Ejemplo el cerdo. Pero un gentil si puede comer carne de cerdo, y no le es pecado, ni está violando la Torá si la come. Aquí la Tora es una en sentido general, es decir “una misma ley tendrás”, pero en su aplicación es distinta.

Dentro la Torá se encuentra la prohibición de comer cerdo para el judío, y dentro de la misma torá se le permite al judío, venderle carne prohibida para él, a un gentil, como cuando la carne es “nevela” (carne de un cadáver), es decir, de un animal que murió por una enfermedad, o no murió correctamente sacrificado, a través de la “shejita” (sistema de sacrificio permitido), - la Torá prohíbe su consumo al judío. Sin embargo, permite al judío venderle esta carne al no judío para su consumo.

Como está escrito:

“No comeréis ningún animal que se muera. Lo podrás dar al forastero que está en tus ciudades, para que lo coma, o lo podrás vender a un extranjero, porque tú eres un pueblo santo al SEÑOR tu Dios” (Devarim / Deuteronomio 14:21)

Como podemos ver, la Torá contiene leyes tanto para el nativo de Israel, (el israelita que nació en Israel) y leyes distintas como para el extranjero que ahora reside dentro de los limites de la tierra de Israel. Tienen una sola ley, en el sentido general, pero tienen aplicaciones distintas en el detalle.

¿Qué sucede con los creyentes gentiles en Yeshua el Mesías?

A este punto deseaba llegar con el versículo de nuestra parashá, que traje a comentar.

Lo anterior que he escrito aplica muy bien a judíos y a no judíos. En términos de Torá, llamamos a judíos a los observantes de la Torá, y no judíos, a quienes no tienen una relación de pacto con la Torá y que por lo tanto no se obligan a ella a pesar de tener aun así leyes básicas las cuales respetar. Por ejemplo, un chino que jamás estudio Torá está obligado a “no matar”, son leyes universales e inherentes al ser humano.

Pero en cuanto a los creyentes en Yeshúa, la aplicación es totalmente distinta:

Shaul de Tarso, elevo la condición espiritual en sus escritos de los no-judíos creyentes, llamándolos “judíos espirituales” (ver Romanos 2), y además escribió en sus cartas que estos gentiles, ahora eran parte de un pueblo, y de una ciudadanía, a la que antes eran ajenos y estaban excluidos. (Efesios 2). Es decir, el hecho de tener verdadera fe en Yeshúa, eleva a los creyentes a la categoría de “Hijos de Dios”, título que en la Torá se le aplica a Israel: “Israel es mi hijo” (Ex 4:22). Por lo cual, al ser llamados “hijos de Dios”, vienen a ser miembros de Israel, miembros de la familia de Dios, y consiguen tener una relación de pacto, y se vinculan con la Torá y sus mandamientos.

Los gentiles, que no creen en Yeshúa el Mesías, no tienen ninguna obligación con la Torá a excepción de mandamientos universales y básicos a la moral de cada ser humano. Como lo explique más arriba, pero en el caso de los creyentes en Yeshúa, como ya he dicho, pasan a ser “hijos de Dios”, y esto es vinculante en todos los sentidos. El ser “hijos de Dios” No es vinculante solo para asirnos de la “gracia” de Dios, (ya lo quisiéramos), sino que también para asirnos de los “mandamientos” y así adquirir los deberes que tiene el pueblo de HaShem.

En los tiempos bíblicos, cuando un gentil vivía dentro de las fronteras de Israel, si era temeroso de Dios, hacia una declaración de fidelidad a Dios frente a un tribunal rabínico, respecto de los mandamientos que le aplicaban respetar y guardar, y entonces era declarado un “guer toshav” (extranjero que reside). Este es y sigue siendo un extranjero, pero vive dentro de nuestras fronteras, se alejó de la idolatría, y respeta las leyes concernientes a él. El versículo de la Torá habla justamente de este “forastero” respecto de el “nativo”, ambos tendrán una misma Torá, pero con distintas aplicaciones.

Pero no debemos equivocarnos, esto sucedía así, pero en nuestro caso, como seguidores, alumnos del Mashiaj Yeshua e hijos de Dios. No solo hemos sido hechos cercanos, sino que INJERTADOS y PARTICIPES, es decir parte del pueblo y del pacto de la Torá.

Como está escrito:

“Recordad, pues, que en otro tiempo vosotros los gentiles en la carne, llamados incircuncisión por la tal llamada circuncisión, hecha por manos en la carne, recordad que en ese tiempo estabais separados del Mesías, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza, y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:11-12)

Al leer este pasaje entonces cabe preguntarnos: ¿Si en otro tiempo estábamos separados del Mesías, ahora estamos unidos al Mesías, si en otro tiempo estaban excluidos de la ciudadanía de Israel, ahora somos miembros de la ciudadanía de Israel, si en otro tiempo no teníamos esperanza ni teníamos Dios, y ahora tenemos esperanza y tenemos un Dios, entonces que es lo que, podría hacer que nosotros creyentes gentiles en Yeshua, nos alejemos de la Tora como para no ser responsables de ella y al mismo tiempo ser beneficiarios de ella?

Es decir, tomamos sobre nosotros el título de “hijos de Dios”, y sus favores, su gracia y misericordia, pero no sus responsabilidades respecto de los mandamientos. Somos llamados por Kefa (2Pedro 2:9) “Nación santa, real sacerdocio”, titulo que solo aplica a Israel en las escrituras, pero no queremos vernos vinculados con la Torá, mucho menos con las exigencias sacerdotales.

La respuesta a esta larga pregunta es simple: Lo único que hace que un gentil, creyente en Yeshúa, habiendo sido injertado al olivo natural (ver Romanos 11), habiendo sido declarado hijo de Dios, elevado y sentado con el Mesías en lugares celestiales (ver Efesios 2), no sienta una estrecha relación con la Torá y los mandamientos, es que no se cumpla con lo acordado en Hechos cap. 15, en relación con el ingreso de los creyentes gentiles.

¿Y que se acordó en aquella ocasión? Leamos la respuesta:

“Por tanto, yo opino que no molestemos a los que de entre los gentiles se convierten a Dios, sino que les escribamos que se abstengan de cosas contaminadas por los ídolos, de fornicación, de lo estrangulado y de sangre. Porque Moisés desde generaciones antiguas tiene en cada ciudad quienes lo prediquen, pues todos los días de reposo es leído en las sinagogas” (Hechos 15:20-21)

Como leemos, el acuerdo de los primeros líderes de la congregación creyente en Yeshúa fue, que no se inquiete a los gentiles con toda la Torá, sino que, con calma, se les ordene guardar ciertos mandamientos de la Torá, mandamientos básicos e introductorios, ya que tendrían a “Moisés”, es decir, tendrían la enseñanza de las palabras de Moisés, o la “Tora”, cada Shabat, cuando asistieran a la sinagoga.

Los primeros creyentes debían estudiar la Torá en las sinagogas cada sábado. Luego de hacerlo sentirían un apego a los mandamientos, que se daría de forma paulatina, hasta el punto de ir adquiriendo más y más Torá. Seria un proceso gradual, donde no serian obligados a circuncidarse, pero tampoco les estaría prohibido, donde no serian obligados a guardar la halajá rabínica, sin ser persuadidos a dejar de cumplirla en la medida de sus progresos de Torá, siempre y cuando no dejaran el camino de la fe en Yeshúa, podrían crecer en la Torá y cada Shabat sentir como se hacía mas fuerte su lazo de unión con el pacto de la Torá y el pueblo de Israel.

Esta es la razón por la que hoy los gentiles creyentes en Yeshua no se sienten parte de Israel, ni tienen lazos con la Torá. No hay estudio de la Torá semanal en las iglesias, no hay un análisis de los mandamientos de forma seria y consistente. Por lo que la unión a Israel y a la Torá, que nos dio la fe en Yeshúa, no se cultiva semanalmente, sobre todo cuando la orden era: “cada sábado en las sinagogas”, pues ahora es “cada domingo en las iglesias”, a estudiar u oír algún tema, que difícilmente será algo tocante a la Torá de Moshé.

No tenemos que dejar que los sistemas religiosos tradicionales o las ideas que andan por la red nos alejen de esta verdad que gano Yeshúa con su propia sangre, él nos hizo miembros de este pueblo santo, y de este real sacerdocio. Nos dio una Torá de verdad e implanto en nosotros la vida, para que prosigamos con nuestro crecimiento, y desarrollo espiritual. Por lo tanto, no acepes cuando alguien te diga: “Tú no eres miembro, tú no tienes parte con la Torá, tú no eres judío”. Claro como ellos lo piden no lo somos ni lo seremos, pero lo somos como por lo menos, el testimonio de Yeshua y sus apóstoles dicen que lo somos.

“La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser la piedra principal del ángulo” (Salmos 118:22)

Shabat Shalom v”Shabua tov.

אברהם בן יעקב
Año Hebreo 5779

lunes, 13 de mayo de 2019

Parasha Kedoshim 5779 - La santidad que HaShem pide



Parashá 30 Kedoshim 5779   

COMENTARIO DE LA PORCIÓN SEMANAL DE LA TORÁ 
Levítico 19:1 – 20:27

Shalom Javerim: 

בס״ד - Bs”D – con la ayuda del cielo estamos estudiando esta semana la parashá “kedoshim”. Y nos trata esencialmente sobre los mandamientos que HaShem requiere que nosotros cumplamos para lograr participar de su santidad. Pues dice el versículo de la Torá:

“Habla a toda la congregación de los hijos de Israel y diles: "Seréis santos porque yo, HaShem vuestro Dios, soy santo.” (Vayikra/Levítico 19:2)

¿En qué consiste la santidad que HaShem nos pide?

Primero debemos decir que existe una santidad que es inherente al hijo de HaShem, por el solo hecho de ser parte del pueblo de Di-s. La palabra “kadosh” en realidad significa “separado”. Este es el concepto correcto de la “santificación”. Es decir, el concepto corresponde a la “separación” de algo.

HaShem separo para sí, a los hijos de Israel, y con ese solo hecho les dio un status de “santidad” de separación que les es inherentes por el simple hecho de formar parte del pueblo de Di-s. Lo mismo ocurre con los leviim (levitas) y cohanim (sacerdotes). Estos son mas santos, es decir mas separados que los demás hijos de Israel, pues tienen muchos más mandamientos que cumplir que el resto de los hijos de Israel, y esto les confiere una santidad mayor en relación con los demás integrantes del pueblo, que no son descendientes de la tribu sacerdotal, los levitas.

Es también por esta razón que en las cartas de Shaul de tarso leemos las siguientes salutaciones: “Shalom a todos los santos” o “a los santos que están en la casa de…”. Pues era y es un titulo normal de un grupo de personas seleccionadas y apartadas para un propósito especial. Es decir, hay una santidad que tiene que ver con nuestra misión, y para adquirir esa santidad no debemos mas que formar parte del pueblo de Di-s. Pero esta no es la santidad que HaShem nos pide.

La santidad que HaShem exige a su pueblo es: “seréis santos, porque yo HaShem soy santo”. Dice claramente “seréis”, lo cual implica un trabajo a futuro, un largo proceso de cambios y de elevación espiritual. No tiene nada que ver con la santidad nominal que tenemos como pueblo de Di-s. Di-s tiene hijos santos “separados”, que viven como gentiles “no separados”. Ahora Di-s busca algo más excelente.

Si leemos y estudiamos la porción de esta semana con detención, veremos que en realidad la santidad que HaShem pide, se trata en primera instancia, de una cuestión que nace desde el corazón de la persona, de donde emana todo lo bueno y todo lo malo.

Notemos un par de mandamientos de esta parashá y comprendamos:

“Cada uno temerá a su madre y a su Padre”. (Lev 19.3)

La santidad que HaShem pide en esta porción es una cuestión que nace desde el corazón, pues ¿Por qué razón el Eterno nos pediría al tan obvio como el respeto a los padres? La razón es que, en realidad la espiritualidad comienza con acciones morales concretas, tan básicas como el respeto al Padre, el respeto a la esposa o al esposo, o no hablar ni andar chismeando en medio del pueblo (Lev 19:16). Estos mandamientos de carácter moral, básicos, son en realidad primordiales para la santidad, y sin ellos, no podremos participar de la santidad de HaShem.

No podemos pensar que la “santidad” depende de cuanto oremos, ni de cuantos ayunos tengamos a nuestro haber. Tampoco depende de cuanto cantemos, ni de cuan espirituales podamos lucir a quienes nos rodeen. Ni siquiera depende de cuanta ayuda demos a los pobres (tzdakot). Sino que esencialmente tiene que ver con las acciones más básicas de la moral del ser humano, por ejemplo, partiendo por el temor, honor que le debemos los padres.

Esto quiere decir, que una persona puede estar cumpliendo muchos mandamientos. Como ponerse tefilín, rezar cuando le es debido rezar, decir shema sagradamente, vestir de forma religiosa y recatada, pero no estar cumpliendo con la santidad que se le demanda, cuando no respeta a sus Padres.

Veamos otro versículo:

“delante de las canas te levantaras, y honraras el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo HaShem”. (Lev 19:32)

Nuevamente vemos que la santidad que HaShem demanda, está relacionada con la más evidente de las demandas morales que una persona tiene. ¿Quién seria capaz de no honrar a un anciano? Nadie podría pensar dentro de sí que un anciano no merece respeto, ni que no deba ser honrado. Pero a nuestro pesar quizás, este mandamiento está dentro de la lista de mandamientos que hablan de la santidad esperada y demandada por Di-s para mostrarnos que “su santidad” parte desde aquí para hacernos llegar hasta allí (HaShem).

Es decir, el mensaje de esta porción semanal es en el fondo: ¿Cómo puedes procurar la santidad sin primero hacer estos mandamientos básicos a la moral humana? En cierta ocasión a Yeshua enseño lo siguiente:

“También les decía: Astutamente violáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. Porque Moisés dijo: ``HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE; y: ``EL QUE HABLE MAL DE su PADRE O DE su MADRE, QUE MUERA; pero vosotros decís: Si un hombre dice al padre o a la madre: Cualquier cosa mía con que pudieras beneficiarte es corbán (es decir, ofrenda a Dios) ya no le dejáis hacer nada en favor de su padre o de su madre; invalidando así la palabra de Dios por vuestra tradición, la cual habéis transmitido, y hacéis muchas cosas semejantes a éstas” (Marcos 7: 9-10)

Los perushim (fariseos) de la época del Mesías Yeshua, habían promulgado que dar una ofrenda a Dios (es decir un korban – un sacrificio en el templo) reemplazaba la posibilidad de sostener, honrar al Padre o a la Madre. En lugar de ayudar a sus padres con el dinero que tenían, declaraban que la suma era un “korban” a Di-s y que, por lo tanto, a pesar de que sus Padres, sufrieran necesidad, no los ayudarían, por cumplir con esta regla religiosa de “santidad”.

Es decir, la cuestión religiosa externa, paso a ser más importante para ellos, que el mandamiento de honrar a los Padres. Este mandamiento, no necesitar ser “mandamiento” para que una persona piense en ayudar o sostener a sus Padres, cuando tiene la capacidad de hacerlo, es una característica o cualidad moral básica de todo ser humano, ¿Cómo entonces la Torá nos pide que lo cumplamos? La respuesta está a la vista: El hombre puede pasar a llevar las demandas más simples de la moral y santidad divina por proteger su “santidad” externa. Si honrar al padre y a la madre es parte de la moral de un ser humano normal ¿Cuánto más de la moral y santidad de un hijo de HaShem? Pero por el contrario vemos que realmente esto no es así siempre.

Si no somos capaces de cuidar de papá y mamá, de nada nos sirve la Torá que profesamos. Si no somos capaces de respetar a nuestra autoridad espiritual, de nada nos sirve la otra Torá que profesamos. Si no somos capaces de respetar, de admirar e imitar a los mas ancianos, que nos llevan años por delante y un inmenso historial de experiencias y enseñanzas, de nada nos servirá que estudiemos la Torá.

La verdadera santidad comienza cuando nos volvemos mas humanos. Y cumplimos la Torá con el amor al prójimo: “no hacemos el mal que no deseamos que nos hagan y hacemos el bien que deseamos que nos hagan”. Comencemos por la santidad que HaShem nos pide, y luego todo lo demás tendrá un verdadero valor.

Shabua tov.

אברהם בן יעקב
Año Hebreo 5779

Parasha Emor 5779 - Una misma ley tendrás

Parashá 31  Emor 5779     COMENTARIO DE LA PORCIÓN SEMANAL DE LA  TORÁ   Levítico 19:1 – 20:27 Shalom Javerim:   בס״ד  -...