martes, 28 de septiembre de 2021

Parasha Bereshit 1 / 5775 - El objetivo de la unidad entre el Mundo Alef y el Mundo Bet

COMENTARIO DE LA PORCIÓN SEMANAL DE LA TORÁ
 Parashá 01 BeReshit
Génesis 1:1 – 6:8

La porción “Bereshit” (en el principio) es sumamente maravillosa, profunda, mística y también profética. Pues intentar hablar o enseñar acerca del principio de la creación en Bereshit capitulo cap. 1 y cap. 2, se vuelve una verdadera técnica dentro de la sabiduría Judía, y que hoy podemos disfrutar gracias a la sabiduría que Hashem nos ha permitido acceder.

Una de las enseñanzas más impactantes de esta porción, tiene que ver con todo el contenido profético que hay en sus primeras 7 palabras y más aun en las letras contenidas en estas 7 primeras palabras. Sí, aunque usted no lo crea, las primeras 7 palabras del libro más leído del mundo y de la historia de la humanidad, traen consigo profunda lecciones, sobre el funcionamiento del mundo, sobre el pasado, presente y futuro del Mundo de Israel, y más aun pareciera enseñarnos el fin de todo.

Está escrito que Hashem nos declara el fin, desde el principio (bereshit):

“Que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré (Isaías 46:10).

Las primeras 7 palabras de la Tora son:

Fonética: “Bereshit Bara Elohim Et Hashamaim VeEt Haaretz”

Traducción dinámica: “En el principio creo Di.s los cielos y la tierra”
La letra ב (Bet) es la primera letra de la Tora. Son muchas las cosas que podríamos decir respecto del porque Hashem quiso, que la segunda letra del alefato hebreo y no la primera (la letra א “alef”) fuera la primera letra de su bendita Tora. Sin duda alguna hay muchas enseñanzas al respecto. Veamos con la ayuda de Hashem, cuanto podemos llegar a profundizar:
.- El valor numérico de la letra ב (Bet) es 2. Lo cual que nos muestra que la creación en sí misma es dual y que su objetivo es lograr la unidad (representada por la א alef cuyo valor numérico es 1):

Si la primera letra del alefato hebreo es la א “alef” y Hashem decidió prescindir de ella como la primera letra de la creación y en su lugar puso a la letra ב (Bet), es porque el objetivo de la creación es unirse a la alef, la cual representa al mundo celestial (del cual creemos vendrá el mundo venidero - Olam Haba).

Tenemos por lo tanto que la alef representa al mundo celestial donde todo es EJAD (unidad – uno). Y tenemos que la Bet representa el mundo terrenal donde el propósito de quienes vivimos en este mundo es unirnos al mundo celestial de la alef.

¿Cómo el hombre y la mujer se unen a ese mundo celestial? El emisario Shaul de Tarso (Pablo) escribió diciendo:

“No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en el Mesías Yeshua” (Galatas 3:28)

Claramente en este mundo si hay esclavos y libres, si hay gentiles y Judíos, y si hay hombres y mujeres, nunca han dejado de existir, y la voluntad del creador es que existan Judíos, gentiles, esclavos, libres, hombres y mujeres en este mundo. Sin embargo, a pesar de que esa es su voluntad cada individuo debe buscar la unidad con su par o su contrario para así acercarse al mundo celestial. Por lo cual, cuando el emisario Shaul dice que “Ya no hay”, se está refiriendo a un estado espiritual o celestial que lógicamente no está en este mundo y que no podemos ver con la visión física. En otras palabras, cuando alguien está en el Mesías Yeshuá ha venido a ser parte de esa unidad celestial contenida en la alef, cuando uno vive sin el Mesías, está separado de esa unidad y sigue muerto en los delitos y pecados, no puede acceder a ese mundo de la unidad celestial pues está dominado por elementos y principios que lo conducen a la separación de lo que acerca a Hashem.

La voluntad de Hashem es que lleguemos a unirnos a él como lo fuimos en el origen de la creación. Como lo hubiera dicho el Mesías Yeshuá:

“Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros (Yojanan – Juan 17:11).

“Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Yojanan – Juan 17:21).

“La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno” (Yojanan – Juan 17:22)

Veamos algunos ejemplos de la unidad que se busca en el mundo bet:

.- Di.s hizo al hombre y la mujer (dualidad), estos dos se unen formando la ejad (unidad) perfecta, cuando se casan y por medio del acto intimo tienen hijos que son educados en las palabras de la bendita Tora.

.- Di.s hizo al Shabat respecto de los días de la semana. Es decir no hay semana completa sin el Shabat. Esto nos muestra que todo en la semana gira en torno al mandamiento de observar el Shabat. Cuando cumplimos dicho precepto, nos hacemos una perfecta unidad con el Creador, la creación, todo Israel, las personas de las naciones que lo observan, concretando así la unidad del pueblo de Hashem con el mundo celestial regido por la alef.

.- Di.s creó a Israel y a las naciones (dualidad), el objetivo de esta creación es que las naciones se unan a la luz de Israel. Es decir que se sujeten a su fe, sus bases de compresión de las sagradas escrituras. Esto será una realidad en el reinado Mesiánico, cuando las naciones podrán ser una unidad con el reinado de Israel, que el Mesías ejercerá a través de la enseñanza de la Torá.

El mundo alef, es un mundo que no podemos visualizar con los ojos físicos, no podemos percibirlos con ningún sentido natural, a menos que estos sentidos naturales se unan a sus sentidos pares en el mundo espiritual, para así poder ver, oír, gustar, tocar, oler, aquello que está en el mundo celestial. Es decir, tal cual tenemos 5 sentidos naturales, tenemos también 5 sentidos espirituales. Todos estos sentidos se pueden activar solo a través de la unidad con el mundo alef a través de la emunah (fe, fidelidad) ¿Cómo lo sabemos?, está escrito:

“Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1)

“Yeshuá le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Yojanan – Juan 20:29)

Por esta razón es que solo el poder de la FE puede hacernos heredar la vida eterna (Olam Haba) y darnos aun en este mundo una conexión con el mundo alef, uniéndonos al Creador, permitiendo que la vida del mundo venidero sea una realidad en este mundo. El poder de la fe, nos traer el poder del mundo alef al mundo bet.

Las personas en los tiempos de Yeshuá que tenían fe en Di.s recibían sanidad, milagros, los muertos eran resucitados, sus pecados eran perdonados, etc. Todas estas maravillas pertenecen al mundo celestial, y fueron bajadas a este mundo a través del poder de la Fe, que es la superación de los sentidos naturales, por los sentidos espirituales, siendo LA FE la convicción DE LO QUE NO SE VE.

De aquí podemos aprender que hay herramientas espirituales, que anteceden a la creación y por lo tanto no pertenecen a este mundo, que nos unen al mundo celestial donde está la alef y donde todo es ejad, pero que a pesar de no pertenecer a este mundo están en este mundo y nos unen al creador de todo.

Según el Talmud, el Eterno creo 7 cosas antes de crear el mundo, por lo cual, en virtud de estas 7 cosas el mundo existe y es sostenido:

1.- La Torá, cf. Proverbios 8:22:

En el pasaje de Bereshit 1:1, hallamos la partícula (תא) “ET”- aquella partícula no tiene traducción a ningún idioma. Y como vemos se trata de la letra alef, primera letra del alefato hebreo, y la letra tav, ultima letra del alefato hebreo. De aquí podemos deducir que Hashem uso las letras hebreas (el alefato) para crear al mundo.

Cada vez que hayamos esta partícula en la Torá, el pasaje nos estará hablando del Mesías.

También nos muestra que si nosotros nos conectamos con las letras hebreas de la Torá, y captamos su mensaje, finalmente podremos acceder al mundo de la unidad celestial de alef.

La partícula “ET” es la cuarta de las 7 palabras del primer verso de la Torá y alude directamente al

Mesías. Pues el Mesías dijo que él es la Alef y la Tav:

“Yo soy la Alef (א) y la Omega (ת )el principio y el fin, el primero y el último (Apocalipsis 22:13).

El Mesías Yeshuá nació y vivió en la tierra justamente en el periodo del año 3990 y 4.040 aprox., del calendario Hebreo actual.

Como la Torá es una creación del mundo Alef, su estudio, su cumplimiento nos hace parte de la unidad celestial. Cada buena acción, una ayuda al necesitado, un perdón al que nos ofendió, una misericordia, un consuelo, nuestras oraciones y rezos, y tanto más que nos enseña la bendita Torá nos hace una EJAD con el Eterno. De aquí entendemos las palabras del más importante de todos los mandamientos.

“Escucha Israel Hashem, nuestro Elogió, Hashem UNO es” (Devarim 6:4)

Pues el fin de todo es hacer que Hashem sea uno (como lo es), pero también con nosotros. Por el lado contrario toda acción contraria a la Torá de Hashem y a su espíritu, nos separa de la unidad con el mundo celestial de alef.

2. El arrepentimiento, cf. Salmo 90:2-3.

Al igual que la fe, el arrepentimiento nos une al mundo alef. El poder de la teshuva (retorno – arrepentimiento) es tan grande que puede cambiar los designios celestiales. Es capaz de elevar al más vil de los transgresores, transformándolo en un Tzadik (justo) inocente. Se dice en la tradición Judía que un pecador que hizo teshuva logró tener más conexión con el Eterno que uno que no había pecado. Y es que esto debe entenderse en el sentido ya mencionado, el poder de la teshuva es muy grandioso, pues rompe el velo que no dejar ver, destapa los oídos sordos, circuncida el prepucio del corazón, nos hace acceder al mundo de Hashem. Por esta razón es que la besora tova (buenas noticias) consisten principalmente en llamar a la teshuva de las almas.

El hecho de que se hable del arrepentimiento como algo que precede la creación, nos enseña que aunque el Eterno no haya decidido de antemano que el hombre pecara, ya había planeado una solución para el pecado del hombre, como también está escrito en Revelación 13:8b:

“El cordero que fue inmolado desde de la fundación del mundo”

En 1 Pedro 1:20 está escrito:

“Porque él estaba preparado antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a vosotros”

3. El huerto del Edén (el paraíso), cf. Génesis 2:8.

El Gan Eden es el estado original de todo, fue diseñado solo para ser disfrutado con las capacidades del mundo celestial. Cuando Adam y Eva rompieron esa unidad, fueron expulsados del paraíso. El Gan Eden será nuevamente una realidad en el reinado Mesiánico donde todo era Ejad, como está escrito por el profeta:

“Y Hashem será rey sobre toda la tierra. En aquel día Hashem será uno, y uno su nombre” (Zacarías 14:9)

¿Como es posible esto? El Mesías y sus enseñanzas (Jasidut) elevaran a toda la raza humana a la esfera del mundo alef, y cuando Hashem reine sobre la tierra, su nombre será EJAD.

4. Gehinom (el infierno), cf. Isaías 30:33.

El lugar de castigo y la destrucción de las almas a desaparición perpetua es una creación del mundo alef., quizás para mostrarnos que con la existencia de la maldad no puede haber unidad eterna con el mundo celestial. Por lo cual, solo a través de la destrucción total de las almas, de los demonios, el Satan, la muerte, que dominaron este mundo en pos de la división del mundo terrenal con el mundo celestial, se finalizara el proceso de unificación de todas las cosas como esta escrito en el libro de revelaciones:

“Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego (Apocalipsis 20:10-15)

Solo después de esto, habrá una unidad completa, no existiendo testigos, ni acusadores contra los redimidos de entre las naciones, ni dentro del pueblo de Hashem, pues versos más adelante se dirá que ha llegado el momento de que el mundo alef gobierne por siempre:

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. (Apocalipsis 21:1)

5. El trono de gloria, cf. Salmo 93:2.

“El trono de Hashem es una construcción del mundo alef, que él mismo ha levantado para gobernar desde ese lugar cuando el mundo alef descienda y sea la morada final de los hijos del Eterno. Al respecto está escrito:

“Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán (Apocalipsis 22:1-3)

6. El templo, cf. Jeremías 17:12.

El Eterno le dijo a Moshe que hiciera el Miskan (Tabernáculo) conforme a todo el modelo que le había sido mostrado. En realidad lo que Moshe vio fue el Templo celestial. El tabernáculo que esperaba desde antes de la creación del mundo para manifestarse una vez que todo hibiera llegado a su total unidad, bajo los parámetros del mundo celestial. Como leemos a continuación:

“Y yo Iojanan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios (Apocalipsis 21:2-3)

Como vemos, al final de todas las cosas veremos cómo el mundo celestial de la unidad total, el mundo alef, terminara descendiendo sobre nosotros, pues todas las barr eras que impedían su manifestación ya no existirán más. Hoy somos nosotros los que procuramos subir o vivir conectados al mundo alef, y cuando lo hacemos, como dirían los sabios en nuestra tradición de allá nos ayudan a unirnos más con Hashem. Pero cuando todo acabe, la manifestación de este mundo celestial de alef, será absoluto.

7. El nombre del Mesías, cf. Salmo 72:17.

Todos sabemos que el Nombre del Mesías es Yehoshua /La salvación del Señor. Pero en realidad ese nombre es un nombre del mundo bet. Tambien el siervo de Moshe, Oshea (Mas tarde Josue), recibió el nombre de Yehoshua. Esto es debido a su función, ambos salvaron al pueblo, ambos son libertadores. El primero los ingreso a la tierra física prometida, el segundo los ingresa al mundo celestial de Alef.

Sin embargo este nombre del cual hablan nuestros sabios no es “Yeshua/Yehoshua”, ni ningún otro nombre de la Torá o los profetas, que la tradición pueda indicarnos, pues son muchos. Cada uno de ellos nos habla de una misión o rol del Mesías. Aún así desconociendo el nombre del Mesías, la sola fe, que nos conecta al mundo alef, permite que estemos usando ese nombre para beneficiarnos en las diversas situaciones de nuestras vidas; enfermedades curadas, milagros hechos, perdón de pecados dados, etc. Todas estas cosas son ejecutadas por el cielo, por el nombre del Mesías que rige en el mundo alef, que Hashem creó antes de la fundación del mundo, nombre nuevo, que él dará a los vencedores, como está escrito:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo” (Apocalipsis 3:12)

Hashem tiene un nombre que nadie conoce, que solo es conocido en el mundo alef, y que rige en ese mundo. Como el nombre sagrado de las 4 letras rige en este mundo bet, y es pronunciado por el Cohen Hagadol en Yom Kipur, asi también el Cohen Hagadol del mundo clestial conoce el nombre de Hashem que rige el mundo alef, y solo él lo pronuncia y lo escribiré sobre aquellos que sean dignos. Al mismo tiempo la nueva Jerusalén tiene un nombre nuevo, como está escrito en el libro del profeta Isaías:

“Entonces verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Hashem nombrará. (Isaias 62:2)

Así el Mesías Yeshuá tiene un nombre en el mundo alef, creado por el Eterno antes de la fundación de todas las cosas, a través del cual podemos acceder a todos los beneficios del mundo celestial, con el poder de la fe, la teshuva y las herramientas creadas antes del mundo para conectarnos con ese mundo celestial.

Todo lo que hemos dicho hasta aquí se puede resumir en el poder de la palabra de Di.s, su sola palabra, crea el cosmos, la vida, y todos los mundos existentes, el mundo alef y el mundo bet fueron creados a través de su palabra, y nada creado en ellos ha quedado al azar o sin una función. Como lo dice el escritor de la carta a los Hebreos:

“Por la fe entendemos que los mundos fueron formados por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3)

El ser humano, debe hallar por tanto su unión en este mundo bet, con el mundo alef, solo a través de las palabras que permiten que todo exista. Las palabras de Hashem, que formaron ambos mundos. Si uno estudia Torá, uno se “recrea”. Si no solo estudiamos, sino que hacemos todo lo posible por hacer lo que Di.s dice en sus palabras de la bendita Torá, uno se “recrea”. Y es que realidad, la unión con el mundo alef, es una verdadera “recreación”. Cada vez que vamos hacia los últimos días, en realidad estamos volviendo al principio de todo. Cada vez que el tiempo avanza, nos volvemos a reencontrar con la posibilidad de volver a caminar sin culpas ni pecados en el paraíso, donde éramos UNO, Hashem nuestro Di.s y nosotros su pueblo.

Parasha 1 Bereshit 5777 - Un poco sobre la Alef la Tav y el Mesías.


COMENTARIO DE LA PORCIÓN SEMANAL DE LA TORÁ
 Parashá 01 BeReshit
Génesis 1:1 – 6:8


El primer versículo de la Torá está lleno de misterios, enseñanzas y principios muy profundos que nos servirán para nuestro diario vivir. Es difícil elegir una sola perla de este gran tesoro para compartirles, pero avancemos con una de ellas. 

Está escrito:

בראשית ברא אלהים את השמים ואת הארץ׃

“Bereshit Bara Elohim ET HaShamaim Veet Haaretz”

“En el principio creo Dios los cielos y la tierra”


La primera frase de la biblia, y de la Tora de Israel tiene dentro una de las partículas literarias más complejas a la hora de traducir el texto hebreo. Me refiero a la partícula: את que en el texto hebreo, su fonética es “et”, tiene una función prepositiva dentro de la frase, y que no se traduce en las versiones al español, ni al ingles, ni en ningún otro idioma, pues no tiene ninguna traducción posible fuera del Hebreo, por lo menos en el contexto del versículo 1 de Génesis cap. 1. Debido a esto es que los Midrashim y los Rabinos nos dicen que la explicación para esto es que: “En el principio creo Dios”, pero para hacerlo se valió de la את, es decir, de todas las letras del alefato hebreo, donde la primera de ellas es la א y la última de ellas es la tav ת. Es decir, la partícula prepositiva את constituye una abreviatura de la Torá y del Creador dentro de su lenguaje supremo, para contarnos que él hizo todas las cosas existentes, visibles e invisibles, a través de las letras hebreas, que a su vez son las palabras de HaShem que lo crearon todo, pues escrito está: “y dijo Dios, haya luz, y hubo luz”. (Gen. 1:3)


Lo que digo, los primeros alumnos de nuestro rabino Yeshuá también lo sabían. Leemos en el evangelio de Iojanan (Juan), “En el principio era la palabra” y luego un poco más adelante: “Todas las cosas por él (refiriéndose al verbo o palabra) fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3) Los mismo está escrito en la carta a los Hebreos: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:6). Todas las cosas fueron creadas por la “palabra” y en un sentido estricto y riguroso, las palabras contienen letras. Estas son las letras reveladas en la partícula “et” del primer versículo de la Torá.

Ahora bien, cuando hablamos de las “letras hebreas” ¿No me estoy refiriendo a meras formas o jeroglíficos humanos? De ninguna manera. Lo que estoy diciendo, es que estas letras hebreas, que claro, son representadas con límites y formas humanas, para nuestros propios fines, pues somos limitados y necesitamos cosas limitadas para llegar a comprender aquello que es ilimitado, son más que una mera figura o forma, transformándose en canales de energía, que nos unen al mundo infinito de la creación. Como dirían los sabios místicos de la Torá con el “Ein sof” “sin fin”. 

Cada una de estas letras, contiene en sí misma un universo, y una energía que sostiene a la creación de Dios, y si aprendemos de ellas, podremos aprender la manera en que fuimos creados a imagen de Dios, y de esa manera podremos reparar la imagen de Dios que ha sido desfigurada por nuestra separación provocada por nuestra desobediencia. De aquí aprendemos porque el Mesías es llamado en varias partes de los escritos apostolicos: “La palabra de Dios” o “Memra” o “Dabar” o “Logos” pues él, también es llamado “la imagen del Dios invisible”, ya que todo el poder de las letras que formaron la creación residen en él, transformándose en la “palabra hecha carne”.

Es decir que el primer versículo de la Torá, no solo nos revela que Hashem, ÉL infinito hizo un mundo finito a través de medios o canales limitados que son las letras hebreas, sino que también, HaShem mismo decidió revelarse al mundo de forma limitada en quien contiene la plenitud de su deidad, esto es el Mesías, como está escrito:


“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:15-17)


Por esta razón es que en el libro de la profecía de “apocalipsis”, Yeshuá dice de sí mismo: “Yo soy el la א alef y la tav ת” Es cierto que el texto griego dice: “Alfa y Omega”, pero si vamos al contexto de la profecía de Isaías, donde HaShem dice en hebreo ser el primero y el ultimo, entonces comprenderemos en contexto las palabras del Mesías en el libro de revelaciones.


Por último en el libro del profeta Zacarías cap. 12:10 leemos:


ושפכתי על־בית דויד ועל ׀ יושב ירושלם רוח חן ותחנונים והביטו אלי את אשר־דקרו וספדו עליו כמספד על־היחיד והמר עליו כהמר על־הבכור׃

Y derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén, el Espíritu de gracia y de súplica, y me mirarán a mí, a quien han traspasado. Y se lamentarán por El, como quien se lamenta por un hijo único, y llorarán por El, como se llora por un primogénito.

El pasaje que hemos pues en amarillo dice traducido al español: "y miraran a mí", seguidamente le sigue la partícula "Alef Tav", que gramaticalmente se traduce como "a". Sin embargo, eso forma solamente parte de una explicación objetiva desde el punto de vista de la gramática, pero no espiritual del pasaje. Es decir, si tomamos todo lo que ya hemos hablado, nos debemos preguntar ¿A quién miraran los que traspasaron? El texto hebreo nos revela que verán al que es את. Tal como lo dice el versículo de Apocalipsis, en el mismo contexto de la profecía de Zacarías.

"He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso" (Apocalipsis 1:7-8) 

Es decir que cuando el Mesías Yeshuá afirma que él es la alef y la tav, no solo lo dice en el contexto de la profecía de Isaías, en donde el texto no dice: "Yo soy la alef y la tav" sino que dice: (אני ראשון ואני אחרון)"Yo soy el "Rishon-Primero" y el "Ajaron-Ultimo", ¿Como lo sabemos? Por las palabras del verso 7 de Apocalipsis: "Y los que le traspasaron" en referencia a Zacarías. 

Por lo que cuando nos encontramos en la Torá con la partícula "alef tav" את, es muy probable que nos estemos hallando frente a una referencia al Mesías, a las letras hebreas, y a la Torá. y Aunque esta interpretación diste de las exigencias gramaticales del idioma hebreo, debemos saber que el texto de la Torá está vivo, y que las reglas gramaticales son reglas, pero la Torá es el árbol de las vidas.

Shalom en el Mesías.

viernes, 24 de septiembre de 2021

Parashat 54 Vezot HaBerajá 5774 / El Legado de una fe sana

COMENTARIO DE LA PARASHÁ SEMANAL DE LA TORÁ

Parashá 54 VeZot HaBerajá

Deuteronomio 33:1 – 34:12


Shalom hermanos, esta semana estudiamos dos porciones de la Torá, Haazinu y Vezot HaBeraja, y dentro de los nombres de estas porciones, al unir cada significado y sus posibles traducciones, junto a las primeras palabras de la Torá del libro de Bereshit, que sería la porción de la Torá que estudiaremos las próximas semanas después de sucot, aprendemos algo muy bonito que dará el pie para el comentario del día de hoy:

La palabra “Haazinu” y “Vezot Haberaja” significan respectivamente: “Escuchen” “y esta es la bendición”. Aquí nos preguntamos ¿Cuál es la bendición que debemos escuchar? Y respondemos con las primeras palabras de la próxima porción semanal. Genesis/Bereshit 1:1:

בראשית ברא אלהים את השמים ואת הארץ׃

“Bereshit Bara Elohim et HaShamaim Veet haarezt” que traducido de forma dinámica y simple es: “, en el principio creo Dios los cielos y la tierra”. Por lo que la unión de todas las palabras seria: “Escuchen esta es la bendición, en el principio creo Dios los cielos y la tierra”

Ahora bien, ¿Cuál es la bendición de saber esto? ¿Qué Dios es el Creador de los cielos y la tierra? A pesar que Rashí en su comentario, lo explica de forma simple diciendo: “Se refiere a la ultima bendición de Moshé antes de morir”, por eso dice: “esta es la bendición (antes de la muerte de Moshé)”. Yo pienso que la bendición que Moshé quiere realmente transmitir a Israel, radica en DESARROLLAR LA FÉ EN EL CREADOR, DE FORMA SANA Y COMPLETA. Pues quien logra hacer que su FE crezca sana y madura, podrá finalmente tener todas las bendiciones de la Torá.

Cuando hablamos de “Fe”, no solo hablamos de aquello en lo que se cree, de hecho aunque es la fe, es la convicción de lo que espera y la certeza de lo que no se VE (Hebreos 11:1), podemos decir que esa certeza y esa convicción tendrá como resultado una CONDUCTA, como está escrito por Iaacov en su carta: “la fe sin obras esta muerta”. Finalmente somos lo que creemos, y nos conducimos según nuestras convicciones. De ahí entonces, que para poder desarrollar UNA FE sana en el Eterno, tenemos primero que revisar si nuestras convicciones y certezas, tienen intenciones limpias, sin malicia, basadas en una buena conciencia, tendremos como resultado, el legado de una fe sana.

Leemos en la porción de esta semana:

“Moshé nos encomendó la Torá, un legado para la congregación de Yaacob” (Devarim/Deuteronomio 33:4)

¿Cuándo afirmamos que hemos recibido el legado de la Torá en nuestras vidas?

El comentarista a Rashi (Mizraji) nos dice sobre este versículo: “Esta idea de que la Torá es un legado para la congregación de Yaacov, es lo que afirman los individuos “justos y buenos” de Israel, incluso en el momento mismo en que las naciones del mundo persiguen y atacan a Israel. Estos individuos no pierden el ánimo ni la confianza en Dios, sino que cuanto más los atacan con mayor ardor mantienen su adhesión a Dios y a la Torá”…

Me tomo del comentario de arriba, para en otras palabras decir que; “Afirmamos que hemos recibido el legado de la Torá, cuando nos conducimos con la fe sana y apropiada, en cada situación que nos pone el Creador, bendito sea, en la vida”…

Pongamos el siguiente ejemplo: Cuando una persona se ve enfrentado a un problema matrimonial, una discusión de esas que se dan cada cierto tiempo en casa, deberá actuar como su FE demanda, es decir basado en la Torá del Eterno, como un legado que él ha recibido, esto es INTENTAR NO LASTIMAR A SU ESPOSA/O. Pero cuando la persona hace lo contrario, dañando o lastimando a su conyugue, entonces ha revelado dos cosas: Que su fe en el Creador, no se ha desarrollado sanamente, y que sus convicciones o intenciones están contaminadas, y que por lo tanto, el resultado de su conducta a provocado daño a otra persona, pero no a cualquier persona, sino que a su propia esposa, lo cual es muy grave.

Esto lo digo solo a modo de ejemplo. Por qué deberíamos aplicar el mismo principio a cada área de nuestras vidas, comenzando por nuestro hogar. ¿Nuestros hijos están viendo la imagen del Creador en nosotros, y de qué forma ellos observan esta imagen, de una forma sana o desvirtuada? ¿La imagen y el legado de fe que estamos transmitiendo en el hogar, una fe sana “no fingida” o una fe fingida, con intenciones contaminadas que traen resultados que hacen daño a los demás? ¿Cuándo estamos en la comunidad, junto a los hermanos, que imagen hemos transmitido, el de una persona con una FE desarrollada sanamente, o el de una persona que ha desarrollado una fe fingida y contaminada?

Cuando hacemos un negocio, y no tenemos como acreditar a la contraparte, ni tenemos ningún medio practico que pueda garantizar a la otra persona que cumpliremos lo comprometido dentro del negocio, le decimos: “Estamos actuando de BUENA FE” Es decir, tenemos que pensar que nuestras intenciones son sanas y que no tenemos malas prácticas. Pero cuando una persona no ha desarrollado una fe sana en el Creador, tendrá malas intenciones, y como resultado estará acostumbrado a realizar malas prácticas.

Si una persona tiene un problema con otra, ambos hijos del Eterno, pertenecientes a la misma comunidad, y no son capaces de resolver su altercado, hablando, mejorando la situación con buenos cambios de actitudes, sino que por lo contrario, intentando lastimarse el uno al otro con distintas actitudes, ¿Qué tipo de fe han desarrollado esas personas en su historial de vida? ¿En qué momento cayeron a la posición espiritual que no les permite ver lo bueno en su hermano?
Me gusta mucho el siguiente versículo bíblico:

“ni presten atención a fábulas y genealogías interminables,  que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe,  así te encargo ahora. Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio,  y de buena conciencia,  y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos,  se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley,  sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman” (1Timoteo 1:4-7)

Si prestamos intención al contexto de este versículo, tenemos que hay una disputa por cuestiones de Torá, que fue provocada por personas que habían alejado su vista de las cosas más básicas: “un corazón limpio”, “una buena conciencia”, “una fe no fingida”. Es decir tenemos un grupo de personas que no desarrollo una FE SANA, y que finalmente provoco que ellos mismos “se apartaron a vana palabrería”.

¿Cómo saber si nuestra fe se está desarrollando de una forma sustentablemente sana?

En mi opinión tenemos que renovar nuestras motivaciones, para que nuestras convicciones sean limpias y traer como resultado el crecimiento de una fe sana. Hay un par de ejemplos en las escrituras, sobre todo en las enseñanzas de Yeshuá, de cómo debe ser una fe sana:

“Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido,  es la mayor de las hortalizas,  y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas” (Mateo 13:31-32)

La persona que sembró, es la persona que solo tiene “conocimiento” de la existencia de Dios. Luego que sembró su conocimiento en la tierra apropiedada, que la correcta intención de crecer y desarrollarse, aquel conocimiento se convirtió en una convicción fuerte que crecía y crecía, con buena conciencia, limpio corazón, teniendo como resultado: Un gran árbol espiritual de fe (emuna – fidelidad), donde no solo él disfruta de sus beneficios, sino que otras personas (aves del cielo), vienen y buscan refugio haciendo sus nidos en sus ramas, que son las enseñanzas de esas personas manifestadas a través de su buena conducta.

Muchas personas en nuestra vida, nos han legado una fe sana. Una conducta basada en profundas convicciones que nos marcaron para toda la vida. ¿Se acuerda usted de alguna? Yo sí. Recuerdo a mi antiguo pastor, lo llamare por su nombre; José. Recuerdo que primero él fue la primera persona que confió en mí para ayudarme y darme un trabajo, cuando era un flaco, miedoso, e ignorante adolescente de 14 años. Como no tenía estudios, ni experiencia alguna, finalmente después de estar algún tiempo en terreno (en una obra de construcción) me dio la posibilidad de trabajar con él en la oficina de su empresa. Recuerdo las veces que él llegaba, y pasaba el dedo por cada mueble de la oficina para ver si había polvo en ellos, pues yo era el encargado de hacer el aseo de esa empresa, yo temblaba con solo ver su rostro de desaprobación. Fueron varias las veces que hallo polvo en ellos, como las decenas de veces que él me dio varias reprimendas, hasta el punto de hacerme llorar, para no volver a cometer las mismas faltas en el trabajo, como por ejemplo cuando me quedaba dormido y no llegaba a la hora, o cuando simplemente falte a trabajar, hasta el punto de un día de decirme, después de llegar 05 minutos atrasado, devuélvete a tu casa, y mañana llegas 5 minutos antes y podrás trabajar. Me enseño muchas cosas con su sola conducta, pues su fe estaba basada en convicciones limpias, buena conciencia y un limpio corazón. Cuando lo oía como me contaba que apenas había llegado a octavo básico, como su profesora de matemáticas se había reído de él diciéndole que él era un porro que no lograría nada en la vida, y de cómo Dios había llenado sus manos con dinero y posesiones, sin él merecerlo, o como cuando lo veía ayudar a los hermanos de su iglesia, que pasaban necesidad. Me enseño el valor de dar y ayudar a otros. Me enseño el valor de ser perseverante. Me enseño el valor de la santidad y de cuidarme del pecado. Me enseño lo simple que era llegar a la iglesia y levantar las manos para dar gracias y luego descansar en Dios. Me enseño que en la vida las cosas más importantes, no eran cosas y que todo estaba basado en el amor. Quizás todo esto no me lo enseño él con sus palabras, pero lo vi en sus acciones.

El dejo en la semilla de una fe sana ¿Puede entender ahora que es lo que HaShem espera que desarrollemos?

Hace algunas semanas atrás, para el tiempo en el que estábamos haciendo “selijot” en la sinagoga, mientras venia en el metro en dirección al templo, mi corazón volvió a sentir, algo muy simple, pero muy valioso: “de pronto, comenzó agitar porque quería estar ahí, junto a los hermanos, mi alma anhelaba llegar pronto, porque mi alma lo sabe bien, el beneficio que hay en estar con los hermanos juntos y en armonía” ¿Hace cuanto tiempo que tu corazón no siente este hermoso deseo de estar en la sinagoga un Shabat? ¿Qué tipo de fe hemos desarrollado todo este tiempo, como hemos permitido que crezca?

El Mashiaj Yeshuá nos volvió a decir: “¿Qué hombre de vosotros,  teniendo cien ovejas,  si pierde una de ellas,  no deja las noventa y nueve en el desierto,  y va tras la que se perdió,  hasta encontrarla? Y cuando la encuentra,  la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa,  reúne a sus amigos y vecinos,  diciéndoles: Gozaos conmigo,  porque he encontrado mi oveja que se había perdido” (Lucas 15:4)

¿Quién es la oveja perdida? Es sin duda la persona que no ha desarrollado una FE sana, y que por lo tanto, solo puede vivir dentro del 1% de la realidad, es decir fuera del redil, esta persona necesitara de un buen pastor que le haga regresar. Estar dentro del redil implica tener una vida sana, un corazón limpio, y tener la posibilidad de acceder a la realidad espiritual del 99%. Donde ocurren los milagros, y las sanidades del alma. Pero mientras se viva fuera del redil, en la realidad básica de una fe poco desarrollada, no podremos acceder, al mundo espiritual que Dios tiene preparado para los que le aman.

La misión de los que han desarrollado una fe sana, (han madurado espiritualmente) será, lo que está escrito por el emisario Shaul: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo,  no sea que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1)

Pero la misión del que está en ese proceso de aceptar que ha desarrollado una fe fingida, una fe enferma o contaminada, será la siguiente:

“Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no,  vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar,  si no te hubieres arrepentido” (Apocalipsis 2:4)

¿Qué es lo que ocurre cuando una persona deja su primer amor, es decir deja de tener una fe sana, escoge vivir con las malas prácticas de una fe enferma, y no recuerda donde cayó para volver a comenzar de cero? Vienen del mismo cielo, y quitan la luz de su alma, y luego todo es oscuridad ¿Cómo podrá hallar el camino de retorno si no hay luz? Bendito es HaShem que aun en la oscuridad más densa, incluso de la misma muerte espiritual, hay una posibilidad de volver a tener el perdón y la restauración.

Por último: ¿Cuál es la misión de Israel en el mundo, sino la de sanar al mundo con el legado de una fe sana?

El pueblo Judío, no tiene la obligación de transmitir todas las leyes de la Torá a las naciones. No tiene la obligación de traspasar a las naciones gentiles sus costumbres, ni tradiciones, ni sus ritos. Es más la voluntad de HaShem, es que exista el pueblo judío y que existan las demás naciones, y estas naciones logren beneficiarse, de la sabia del buen olivo que es Israel. Porque las leyes de la Torá, los 613 preceptos de la Torá le competen al pueblo de Israel, la halaja y toda la tradición oral, es necesaria para la vida del Judío, para este pueblo desarrolle su fe de forma sana y completa. Pero no es obligación del judío hacer que las naciones judaícen. Pues judaizar es una elección de quien quiere venir y entrar por esta puerta de la Torá. Sin embargo, si es obligación del pueblo Judío legar SANAR al mundo con los remedios de la Fé, que con cada conducta de cada miembro del pueblo de Dios podamos transmitir una fe que contagie sanidad y no enfermedad en medio de nuestro diario vivir.

Está escrito en la sagrada Torá:

Llegaron a Elim, donde había doce fuentes de agua y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas” (Exodo – Shemot 15:27)

Las 12 fuentes, representan a las 12 tribus del pueblo de  Israel, que tienen como misión proporcionar “agua”, es decir la sanidad a las “setenta palmeras” que son las 70 naciones del mundo. Como también está escrito en el libro de revelaciones, donde vemos que finalmente este será el objetivo del pueblo de Israel en el mundo venidero:

“En medio de la calle de la ciudad. Y a cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce clases de fruto, dando su fruto cada mes; y las hojas del árbol eran para sanidad de las naciones” (Apocalipsis 22:2)

No sea, que Yeshuá no encuentre en el Pueblo de Dios, lo que tampoco encontró mientras camino en medio de su pueblo y diga: “Ni en Israel he hallado tanta fe”, respecto del Soldado Romano que tuvo una fe sana, y sencilla en el poder de Dios  través de Yeshuá que sano a su siervo con tan solo una orden.

Cuando el pueblo de Israel no cumple este rol, dentro de sus hogares, ni dentro de sus trabajos, ni dentro de sus sinagogas, entonces sucede lo que dijo Yeshuá: “no sirve más para nada, sino que para ser pisoteada y hollada por los hombres” Respecto de la función de Israel de sazonar el mundo con la fe sana en el Creador. O podríamos estar dentro de la etiqueta que nos menciona el libro de apocalipsis: “Los que dicen ser Judíos y no lo son” porque: ¿Es posible que el Pueblo de Dios no tenga fe sana en el Creador? Antes bien suceda lo que está escrito en el libro del profeta Jeremías;

Así ha dicho HaShem,  que da el sol para luz del día,  las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche,  que parte el mar,  y braman sus ondas;  HaShem de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí,  dice HaShem,  también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente” (Iermiyahu-Jeremías 31.35-36)

Y sobre esto enseñaron los sabios en el tratado de Shabat, respecto de las palabras del libro de Bereshit, en el sexto día de la creación donde dice: “Iom HaShishi” y preguntaron: “¿Por qué en los demás días de las semana no se uso el articulo “Ha” o la letra ה ? y nos explican que en este día HaShem dijo condicionando: “si Israel no acepta la Torá, entonces que todo lo creado vuelva a ser como era, que todo vuelva a un caos”. Ya que los primeros 5 días de la creación, representan los 5 libros de la Torá, y el sexto día de la creación representa al día 6 del sexto mes de Sivan, cuando Israel recibió y acepto el legado de la Torá. Por lo que si las leyes del cielo faltan, también Israel debería no existir, y a la inversa, si Israel no existiese, tampoco las leyes del cielo y del universo deberían existir, ya que solo existen gracias a que Israel acepto de buena forma el legado de la Torá.

Teniendo por tanto tan grande privilegio de ser los receptores de la Torá, llenemos el mundo con una fe SANA, LIMPIA Y PURA.

En las enseñanzas de Yeshuá, hallamos que al final de los tiempos, cuando él se siente como juez para juzgar las naciones, habrá un remanente de pequeños que habrán impactado el  mundo de aquel entonces (quizás somos nosotros) con la fe sana y limpia, la fe de Yeshuá. Es lo que dice el evangelio de Mateo en el capítulo 25, donde se nos habla del “juicio a la naciones”. Si somos cuidadosos en ese relato veremos hay tres personajes presentes en el relato: las ovejas, los cabritos, y los pequeños. Los cabritos son, las personas de las naciones que no ayudaron a los pequeños, cuando estaban en la cárcel, cuando estaban en fríos, cuando pasaron hambre, o estaban enfermos, las ovejas de la diestra del Mesías Yeshuá, los que recibieron entrada al reino, son personas de las naciones que ayudaron a los pequeños, cuando estaban en la cárcel, cuando tuvieron frio, cuando estaban enfermos y cuando pasaron hambre.

LOS PEQUEÑOS SON EL REMANENTE DEL PUEBLO DE DIOS, sobre todo creyentes en Yeshuá el Mesías, que en el final de los tiempos serán perseguidos en todas las naciones, pero que impactaran al mundo con SU FE SANA, logrando que muchas personas de las naciones también crean en la buena noticia del evangelio, aceptando ser discípulos de Yeshuá y logrando finalmente el propósito de la creación del universo, y de Israel en este mundo: SANAR A ESTE MUNDO ENFERMO, CON LA MEDICINA DE LA FE LIMPIA Y SANA, trayendo la redención final.

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1Juan 5:4)

Shavua Tov – Buena semana. 

jueves, 23 de septiembre de 2021

Parashat Vezot Haberajá / ¿Por qué se nos ha enseñado a bendecir?




VeZot HaBerajá (Y esta es la bendición) es la última porción de la Torá con la cual terminamos un ciclo más de estudio de la bendita Torá. Moshé el siervo de Hashem está a punto de morir y como el gran Padre que fue para Israel, él no desea el mal para sus hijos, sino que por sobre todo el bien. Todo Padre que ama a sus hijos, por más que estos hubieren sido obstinados en algún momento de sus vidas, les dejara lo mejor de él, ¿Y qué era lo mejor que Moshé tenía? A parte de todas sus enseñanzas, y el inmenso legado que le dio al pueblo a través de su ejemplo y servicio al creador, Moshé tenía muchas bendiciones que dejar a su amado pueblo. Y así lo hizo, antes de morir bendijo a todos los hijos de Israel.

Que privilegio es poder bendecir y no maldecir. Muchas personas antes de morir terminan maldiciendo a la vida y a las circunstancias, algunos maldicen a sus familiares, a sus amigos, a ellos mismos y otros más necios maldicen a Di.s, pero Moshé que murió según un hermoso Midrash de un beso de que Di.s le dio, termino sus días derramando bendiciones sobre su pueblo. Los que aman a Di.s y a sus semejantes pueden ser fuentes de bendición en este mundo y solo un hombre comparable a Moshé puede terminar sus días dando bendiciones a su pueblo, como lo hizo Yeshuá nuestro amado Mesías, que es el profeta como Moshé que habría de levantarse (Devarim 18:15) termino sus días bendiciendo al pueblo y a sus discípulos:

“Padre perdónalos, pues no saben lo que hacen” (Lucas 23:34)

“Entonces los condujo fuera, hasta cerca de Beit-Anyá, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que mientras los bendecía, se separo de ellos y fue llevado arriba al cielo.” (Lucas 24:50-51)

Esto nos muestra la importancia de las “Berajot” (Bendiciones), y como ellas pueden ser utilizadas por Hashem como un medio dador de vida y un medio profético que servirá para cumplir en nosotros el propósito para el cual Hashem ha permitido que vengamos a este mundo. Nuestro Pueblo Israel a lo largo de toda su existencia se ha caracterizado por tener distintas bendiciones por cada acción que cotidiana o litúrgica que se realiza. Dentro de la fe Judía la convicción es la siguiente: Somos siervos de Di.s, y por lo tanto a cada instante le servimos bendiciéndole por todo lo que disfrutamos y por todo lo que existe.

El emisario Shimon Kefa (Pedro) escribió diciendo:

“No devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1Pedro 3:9)

Las bendiciones forman parte central de la vida de un hijo del Eterno que guarda la fe de la bendita Torá. Cuando nos despertamos a penas abrimos los ojos decimos:

“Te agradezco Rey viviente, porque me has devuelto el alma con misericordia, inmensa es tu fidelidad”

Inmediatamente (según el rezo diario de Shajarit) luego de hacer las necesidades biológicas se bendice al Eterno por Crear los orificios del cuerpo, los cuales permiten que vivamos, pues si uno de ellos se obstruyera o se tapara no podríamos vivir ni una hora. ¡Hasta a ese punto uno debe bendecir a Hashem por todo! A continuación nos lavamos las manos, diciendo la respectiva bendición, para luego comenzar la liturgia de la oración matutina.

En la tradición del pueblo Judío bendecimos a Hashem por: La inteligencia, por la vista, por la capacidad del movimiento, por la postura erecta del cuerpo, por la vestimenta, por la energía, por la firmeza de la tierra, por la capacidad de caminar, por el calzado de los pies, por la fuerza, por la distinción de la cabeza (kipa), por no hacernos gentiles (debe entenderse el sentido de la bendición), por no hacernos mujeres (la mujer bendice por hacerla conforme a su voluntad y por no hacerla mujer gentil), por la libertad, por la liberación del sueño, por el estudio de la Torá, por colocarnos el talit(manto de oración), por ponernos los tzit tzit (filacterias), por ponernos tefilim (oraciones), etc.

El pueblo de Israel se ha acostumbrado a bendecir tanto, que hemos llegado a dar gracias incluso hasta por el discernimiento del gallo diciendo: “Bendito eres tu Adonai nuestro Elogió que das la inteligencia al gallo para discernir entre el día y la noche”.

Es tan importante en la fe Judía el tema de las bendiciones, que nuestros sabios discuten ampliamente en los tratados de Berajot (Bendiciones) del Talmud, desde hasta como estar exteriormente para decir una bendición hasta como decirlas, donde decirlas, etc.

Está escrito en el Talmud: “El hombre no debe disfrutar nada en este mundo sin decir previamente una bendición" (Berajot 35 a, b)

¿Cuál es el fin de que bendigamos, como lo hacemos? Como está escrito en nuestra bendita Torá; “Si escogiereis el bien”. La ecuación que nos propone la Tora es simple: Maldición es igual a Muerte, Bendición es igual a Vida: Es decir que en nosotros esta el poder de elegir la vida a través de las bendiciones. Pero ¿A qué vida se está refiriendo la Tora? Sin duda alguna a la vida del mundo venidero que podemos disfrutar en este presente. Si elegimos bendecir a Di.s por todo, si elegimos bendecir al prójimo, y con ello vivir una vida de obediencia a Hashem, habremos elegido, la vida en lugar de la muerte. Cada vez que bendecimos elegimos la VIDA, y traemos a este mundo toda esa espiritualidad y divinidad reservada solo para los justos en el mundo venidero ¡al ahora ya!

Para algunos las distintas bendiciones que se usan en la fe Judía podría resultar ser “vanas repeticiones”, argumento que nace de la mala interpretación de las palabras de nuestro amado Mesías:

“Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos” (Mateo 6:7)

Nos preguntamos: ¿Esta Yeshuá prohibiendo las repeticiones de la fe Judía? La respuesta es un no rotundo. Está escrito en la Torá que uno debe REPETIR las palabras de la Torá, y respecto del Shema recitarlo al levantarnos y al acostarnos:

“Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes (Devarim/Deuteronomio 6:7)

Como podemos leer, Hashem está mandando que la bendición más importante del pueblo de Israel; “Shema (Escucha)” se REPITA de forma diaria y constante. Por lo cual no podemos entender las palabras de Yeshuá como un cambio a la exigencia de la Torá. La clave para entender las palabras de nuestro santo maestro se encuentran en la expresión “vanas repeticiones”. Es decir la prohibición de Yeshuá es respecto de las repeticiones que no TIENEN valor espiritual, no así las bendiciones que están llenas de riqueza espiritual como nuestra SHEMA. Esas vanas repeticiones que según nuestro amado Mesías los gentiles usaban, pensando que por sus palabrerías serian escuchados. Esto también nos muestra que no son los gentiles (no temerosos de Hashem) los elegidos para formular las bendiciones con las cuales se debe servir a Hashem, sino que Israel. Y esto se desprende del pasaje de la Tora, donde Hashem le dice a nuestro Padre Abraham respecto de su descendencia:

“Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Bereshit – Genesis 12:3)

Nuestro amado Mesías Yeshua luego de decir aquellas palabras, diría: “Vosotros orareis así”

¿No es acaso eso, una orden a orar con una forma preestablecida? Yeshua esta justamente enseñando un “rezo”, una oración que debe repetirse, la popular oración “del Padre nuestro”. Por lo tanto, no podemos quedarnos en la posición fría e ignorante de los que señalan a las bendiciones Judías como meros trámites litúrgicos sin sentido espiritual. Sino más bien aceptar y comprender que las bendiciones creadas por el pueblo de Israel, son Torá, y además forman parte de la cultura espiritual que el mismo pueblo santo ha creado a través de miles de años con la sola practica de bendecir a Hashem por todo la manera correcta de servir a Hashem. “Bendecir” es una acción totalmente Hebrea, una acción que emana de los cielos, una acción que emana de Di.s mismo, y que tiene miles de años, tantos como la misma tierra:

¿De quien aprendió el pueblo Judío la importancia de bendecir? De Hashem mismo, pues el termino su magna obra creadora bendiciendo, como está escrito en la sagrada Tora: Respecto de los animales marinos dice: “Y los bendijo Dios”, respecto de la creación del hombre dice: “Y los bendijo Dios”, respecto de la creación del Shabát séptimo día de la creación dice: “Y lo bendijo Dios y lo santifico”. (Bereshit – Génesis 1:22-27- y 2:1-3) Así que de Di.s aprendimos que se debe bendecir siempre.

De aquí también podemos concluir que cada vez que apreciamos el milagro de la creación estamos obligados a bendecir. Esta es la razón por la cual bendecimos el pan diciendo: “Bendito eres tu Adonai nuestro Elohim, Rey del universo, que extraes el pan de la tierra”, pues el pan es un producto que resulta de la creación, Hashem lo saca de la tierra para nosotros y nosotros bendecimos por el milagro de la creación.

También decimos respecto del fruto de la vid: “Bendito eres tu Adonai rey del universo, que creaste el fruto de la vid”, pues el vino que producimos de las uvas de la vid, Hashem creó el fruto para nosotros, y nosotros bendecimos por el milagro de la creación.

Así cada vez que vemos el poder sobrenatural de la creación actuar, ya sea en un alimento, como el pan o un líquido como el vino, o en nuestros propios cuerpos cuando despertamos, se abren nuestros ojos y el sueño nos abandona; estamos obligados a bendecir.

¿Cómo saber entonces cuando y como bendecir? Nuestro pueblo Israel nos ha dado una hermosa Herencia, que hoy sin haber trabajado en ella ni por ella, nos permite participar de ella y bendecir de forma correcta y agradable a Dios. Debemos por tanto aprender de esta herencia, estudiarla y practicarla a diario, para que cada día nuestras bendiciones se tornen más perfectas delante del Creador, bendito sea.

Nuestro amado Mesías como Hijo de Israel y Judio que fue, respetaba las tradiciones de su pueblo, y practica las diversas bendicones de la tradición, lo podemos ver en los siguientes pasajes:

Yeshua bendecía el pan: “Y tomando los cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente. (Lucas 9:16)

Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio (Lucas 24:30)

Las palabras de Yeshuá para bendecir el pan fueron: “Baruj Ata Adonai Eloheinu Mejel HaOlam Hamotzi lejem min Ha´aretz” (“Bendito eres tu Adonai nuestro Di.s Rey del Universo que extraes el pan de la tierra”) En la tradición de nuestro pueblo se dice que el Pan es el Rey de la mesa, y es por eso que su bendición no puede faltar en la mesa de un Hijo de Israel. Por esta razón es que siempre que en los evangelios se nos relata que Yeshuá comía pan con sus discípulos, nos dicen los autores; “Y Yeshuá bendijo...” debido a la importancia del pan sobre la mesa, como un milagro de la creación.

Yeshuá bendijo el vino:

“Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; (Mateo 26:27)

La expresión: “Habiendo dado gracias” alude a la bendición Judía por el Kidush: “Baruj Ata Adonai Eloheinu Melej HaOlam Bore Peri Hagafen” (Bendito eres tu Adonai nuestro Di.s Rey del Universo que creaste el fruto de la vid)

Yeshua bendijo a los niños:

“Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. Pero Yeshua dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos” (Mateo 19:13-14)

Otros pasajes de los demás evangelios dicen que traían a los niños para que Yeshuá los tocase, sin duda, era para que él los bendijera. La bendición Judía para los niños era conocida desde hace ya muchos años, estas fueron las palabras que Yeshuá dijo sobre los niños, pues está escrito en la Torá, que así se debía bendecir a los pequeños:

Y los bendijo aquel día, diciendo: Por ti bendecirá Israel, diciendo: Que Dios te haga como Efraín y Manasés. Así puso a Efraín antes de Manasés. (Bereshit - Génesis 48:20)

Las palabras de Yeshua fueron: “Ysimja Elohim Ki-Efraim Ve-Ki-Menashe” (Que Di.s te haga como Efraim y como Menashe)”

Y sobre las niñas decía: “Ysimej Elohim Ke-Sara, Rivka, Rajel veLea” (Que Di.s te haga Sara, Rivka, Rajel y Lea)

El emisario Shaul nos enseño diciendo:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Yeshua el Mesías, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en el Mesías” (Efesios 1:3)

Lo cual nos muestra que las bendiciones (todas) litúrgicas y también las espontaneas, etc., son bendiciones espirituales que residen en el cielo que Di.s mismo a preparado para nosotros que estamos en el Mesías Yeshua.

Si usted me ha leído hasta aquí ya sabrá entonces que las bendiciones no son creaciones humanas, sino que instancias inspiradas por el espíritu santo, que nos abren un camino a la vida del mundo venidero solo accesible por la vía del agradecimiento. Este principio de Bendecir a Hashem por todo, de bendecir a Hashem por la creación, y de bendecir a la creación, como cuando se bendice a los hijos, es el principio que heredo nuestro pueblo Israel desde hace miles de años atrás.

Yaacov (Jacob) bendijo a sus 12 hijos antes de morir. Cada bendición del patriarca representa en sí misma un universo de sabiduría y de acontecimientos proféticos de cada una de las familias de Israel. Y no solo eso, sino que cada bendición nos hablan también del plan redentor de Di.s para la humanidad a través de Israel y el Rey Mesías.

El Eterno le enseño al Aharon la forma correcta de cómo bendecir a los Hijos de Israel, con esta maravillosa bendición, y si has leído hasta aquí, le ruego al cielo que así también haga para ti:

YEVAREJEJA ADONAI VEISHMEREJA YAER ADONAI PANAV ELEJA VIJUNEKA ISA ADONAI PANAV ELEJA VEYASEM LEJA SHALOM.

(Hashem te bendiga, y te guarde; Hashem haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Hashem alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz) (Bemidbar - Números 6:24-26)

¡Shabat Shalom!  ¡Jag Sameaj Sucot!